sábado, 22 de enero de 2011

Edificio de la Sede del Banco de Bilbao



El edificio de la Sede del Banco de Bilbao en la calle de Alcalá, es obra de arquitecto Ricardo Bastida y Bilbao, cuyo proyecto salió ganador en un concurso público en 1919. Tiene una fachada convexa y simétrica, compuesta por columnas, capiteles y entablamentos de órdenes clásicos gigantes, imitando a Antonio Palacios y Otamendi que ya habían proyectado el edificio para el Banco Central en la misma calle de Alcalá.





Las cuatro esculturas de los dos torreones, están construidas en mármol italiano por Quintín de la Torre, mientras que las dos monumentales, emblemáticas y famosísimas cuádrigas, son obra de Higinio de Basterra. Fueron fundidas en latón dorado con paños de oro, pero recubiertas con pintura negra en la Guerra Civil.
Todos tenemos en la mente la imágenes de Carmen Maura cuando se descolgaba sobre ellas en la película de Alex de la Iglesia, La Comunidad.
Actualmente el edificio es propiedad del BBVA (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria)










jueves, 20 de enero de 2011

Fuente de la Fama




La Fuente de la Fama es una obra de Pedro de Ribera en estilo churrigueresco construida en el segundo tercio del siglo XVIII. Fue un encargo de Felipe V para adornar la Villa y mejorar los suministros de agua y hay que contar como anécdota que en el momento de su inauguración, se instaló un letrero a petición popular que decía: Deo volente, rege survente et populo contribuiente, se hizo esta fuente (Dios lo quiso, el rey lo mandó y el pueblo lo pagó). Esto fue debido a que se financió con una subida de impuestos.

La fuente fue colocada en la plaza de Antón Martín, después estuvo en el Parque del Oeste y en 1941 quedó en su emplazamiento actual, los jardines del Arquitecto Ribera (Plaza de Barceló) y justo detrás del antiguo Hospicio de San Fernando, también obra de Pedro de Ribera.

La fuente en su ubicación original de la plaza de Antón Martín
Fuente de esta foto: Urbanity



La fuente cuando estaba en el Parque del Oeste
fuente de esta foto: R. Pando



La fuente en su ubicación actual en los Jardines del Arquitecto Ribera







La fuente está construida en piedra berroqueña y los grupos escultóricos en piedra caliza de Colmenar de Oreja. La fuente consiste en un pilón en forma de trébol de cuatro hojas que contiene una estructura de piedra que en su parte inferior tiene cuatro delfines mitológicos sobre unos pequeños pedestales o bases que tienen un arco por el que circula el agua. La pilastra sigue ornamentada con hornacinas con floreros y escudos, y las esculturas de cuatro niños que sujetan cada uno una concha invertida.







Remata la fuente una Victoria alada que blande una trompeta. Esta figura muestra un insinuante movimiento, simbolizando que, a pesar del triunfo (ejemplificado por la trompeta), la fama no perdura.






Aunque he conocido durante toda mi vida la fuente en ese lugar, a mí no me convence el sitio elegido y la verdad es que me gustarían otros lugares de la ciudad para su ubicación. Cuantas veces habré trepado por ella cuando era pequeño...
Las fotos son actuales y reflejan el estado en que se encuentran sus alrededores. Imagino que una vez que acaben las obras de la zona, la fuente lucirá de otra manera. En ese momento, cuando los delfines vuelvan a expulsar sus chorros de agua y esté lleno el pilón, actualizaré las fotografías.

martes, 18 de enero de 2011

Monumento a Sor Juana Inés de la Cruz



En los jardines en la calle de Ferraz muy cerca del Templo de Debod, se encuentra desde 1981 el monumento a Sor Juana Inés de la Cruz, obra del escultor cántabro Enrique Fernández Criach, escultor que reside en México y que recibió el encargo de un grupo de mexicanos residentes en Madrid para la realización de este monumento que rinde homenaje a la escritora y dramaturga. El bronce fue fundido en Madrid por el escultor y fundidor José Luis Fernández.




Esta estatua es una réplica de la que tiene en la ciudad de México D.F. y fue donada por el Claustro Sor Juana Inés de la Cruz. Se encuentra en los jardines de la calle Ferraz colindantes al Parque del Oeste y consiste en una estatua de bronce que representa a la mística y poetisa vestida con los hábitos y un rosario, sentada en una silla y en posición de escribir. La estatua se encuentra sobre un pedestal de granito.





La estatua está aquí desde 1995, ya que antes se ubicaba frente a la Rosaleda en el mismo parque del Oeste. Viendo la expresión y el modelado nos daremos cuenta que tiene poco valor artístico y que más parece que lleva una máscara de carnaval que un rostro humano. La estatua se encuentra entre unos setos de un sitio tranquilo del parque que tampoco ayuda a su lucimiento.

viernes, 14 de enero de 2011

La sombra blanca del faraón



Era una noche cerrada del 21 de diciembre del año 2009, justo la noche que tanto nevó en la ciudad de Madrid. Yo sabía que nevaría esa noche, pues todos los medios de comunicación lo habían avanzado ya. Alerta en Madrid por bajas temperaturas, alerta por nevadas de 12 centímetros, todas las máquinas quitanieves preparadas y activado el nivel 1 de emergencia en la capital. Era la noche idea para salir con mi cámara a captar la nevada. En ningún momento pensé a donde ir, no se me había ocurrido el lugar donde acudir, pensé que cualquier lugar que tuviera árboles y césped, un parque quizás, pero cual?, el Retiro lo cierran de noche y a la Casa de Campo no se me ocurre ir a esas horas. Sin saber motivo alguno, cuando me quise dar cuenta, había llegado al Parque del Oeste y estaba frente al Templo de Debod. No era muy tarde y andaba alguna que otra pareja y algún que otro corredor nocturno.
Miraba hacia el cielo y estaba perfecto, gris blanquecino y totalmente cubierto, pero no caía nada. Me dispuse a pasear un rato. A pesar de llevar gorro, guantes y una bufanda, se me estaban congelando las orejas y la nariz. Así que me tapé bien con el gorro las orejas y subí mi bufanda hasta los ojos. Cada vez anochecía más y volvía a tener frío en la nariz, ya al fumarme un cigarrillo volví a dejar la bufanda a la altura del cuello. De pronto me paré frente al Templo, he estado tantas veces que no me había dado cuenta, estaba precioso. Su silueta se reflejaba en el agua del estanque y los focos que le ilumina perfilaba su estructura perfecta en el telón oscuro de la noche. Cogí mi cámara y me agaché junto al borde del estanque, ajusté mi cámara y le hice una foto que es la que he puesto siempre que hablo de él. Estuve así durante algunos minutos, enfocaba, ajustaba y disparaba. En ese instante me di cuenta que ya no tenía frío, estaba ardiendo y me sobraba el gorro y la bufanda, tampoco me di cuenta que ya estaban cayendo copos lentamente y estaba bajo una cortina de nieve que caía pausadamente a mi alrededor. Me da mucha rabia la nieve cuando se te mete por el cuello y me dispuse a ponerme bien la bufanda y extender la capucha de mi cazadora por encima del gorro que llevaba. Me dio miedo que se mojara el objetivo de la cámara y me puse a taparla y guardarla. Una vez hecho todo esto, me quedé de pie mirando a mi alrededor, estaba solo, no había ni un alma, ninguna pareja, nadie con su perro, nadie corriendo. Me he quedado solo, pensé. No me extraña, con esta nevada se ha ido todo el mundo y yo voy a cogerme una pulmonía. Algo me hizo mirar al Templo de nuevo y algo me extrañó... Que raro... no había vigilante alguno en la puerta. Otras veces que he estado haciendo fotos, luego he tenido que utilizar el photoshop para quitar la figura del vigilante de la puerta. Me quedé mirando fijamente porque noté algo raro. Una especie de humo blanquecino salía de la puerta muy lentamente, un humo que parecía que pesara, ya que iba hacia el suelo y parecía arrastrarse hacia adelante poco a poco. Que pasará, me pregunté. Se estará quemando algo dentro?, y si el vigilante está en apuros y por eso no está, o lo que es peor, y si no hay nadie y se quema el Templo?, no, no puede ser, es de piedra y no hay olor a quemado. El humo continuaba avanzando hacia las dos puertas que complementan el monumento, es como si siguiera un camino, sin elevarse hacia el cielo, a ras del suelo. Estaba petrificado, me dí cuenta que llevaba un rato parado si dar ni un paso y me moría de calor. Volví a mirar a mi alrededor, no sabía que hacer, cuando de pronto... volví a fijar la mirada en el templo y todo el centro del estanque se había convertido en una especie de manto de humo que andaba desde el Templo atravesando las dos puertas egipcias. No podía andar, me había quedado como clavado en el suelo. El humo empezaba a avanzar en mi dirección. Saqué la cámara de nuevo y saqué una fotografía, pero según la hice y miré a la pantalla, solo se veía el Templo como siempre, ni rastro de humo. En ese momento se apagaron las luces del templo y todo quedó a oscuras. Utilicé mi cámara de nuevo, esta vez con flash, pero salía todo negro. En ese momento nevaba mucho, y a pesar de tener calor, tenía las manos congeladas y me dispuse a guardar la cámara y salir pitando de allí, pero antes quería hacer más fotos y saqué la cámara otra vez. Disparaba y disparaba, ya ni enfocaba, aunque luego cuando saqué la tarjeta en mi casa no había salido ninguna foto. Solo una, la que saqué con flash antes de que se apagaran las luces y cuando el humo andaba tímidamente entre las puertas.





Una vez más miré hacia atrás, pero no veía nada. Así que seguí mi camino con pasos firmes pero lentos. Fue entonces cuando oí aquél ruido, como cuando arrastras un hierro por el asfalto, no sé, algo metálico y seco, y entonces sucedió lo único que me asustó. Mi nombre, alguien pronunció mi nombre y sonó en todo el parque.
!Bélok!, una voz grave estaba diciendo mi nombre. Me dí media vuelta de nuevo y me quedé horrorizado, el Templo estaba de nuevo iluminado, pero no con la luz habitual de los focos, no, era un color que provenía del humo, todo se había vuelto gris, como cuando te metes en un banco de niebla, pero con mucha luz. Ahora no veía nada a mi alrededor, solo veía el Templo, lo demás era todo gris y oscuro, muy oscuro. Me moría de miedo, pensaba que estaba soñando y que me despertaría en cualquier momento y sabía también que nadie me creería si contaba lo que estaba viendo. Entonces le vi, caminaba hacia mí desde el medio del estanque. Llevaba un traje azul con rayas doradas, algo que le cubría la cabeza y una especie de bastón en la mano. Estaba aterrado, no se hundía en el agua, era como si levitara o caminara sobre ella. Medía más de dos metros y la luz que le rodeaba era dorada y deslumbrante. Volvió a decir mi nombre, pero esta vez mi nombre de pila, mi nombre verdadero. Yo no sabía que hacer ni que decir. Estaba a menos de cinco metros de mí y avanzaba muy despacio. Según se acercaba, yo daba un paso hacia atrás. Me daba miedo, no veía nada más que oscuridad detrás de mí y no sabía que podía pisar, pero tampoco apartaba mi mirada de él. Una vez que le tuve junto a mí, levantó su mano y me la puso en el hombro. Llevaba un enorme anillo del que todavía siento su frialdad sobre mi cuello. Entonces me habló, con voz grave y rotunda...
-¿No te han dicho que aquí no se puede hacer fotos?
Coño!!, Hay acaso algún papiro en la entrada que diga que está prohibido hacer fotos?. ¿Es que la restauración de tu casa no la hemos pagado entre todos?, ¿es que la luz que ilumina tu templo no hay que pagarla?.
Desde entonces sé que la prohibición de hacer fotos a los templos, viene de la época de los egipcios.