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sábado, 26 de abril de 2014

En busca de Cervantes



Cervantes fue enterrado el 23 de Abril de 1616 en el convento de San Ildefonso de las Trinitarias descalzas a los 69 años. En 1639 se decide reformar y construir de nuevo la iglesia y el claustro, motivo por el que a partir de este momento, no sabremos el sitio exacto donde se encuentra enterrado Cervantes, por haberse perdido la capilla y la lápida o cualquier resto que nos pudiera indicar su paradero. Pero el actual edificio que conocemos data de 1673 y es obra del arquitecto Marcos López, proyecto que siguió en 1693 José de Arroyo durante los últimos cinco años de su construcción hasta 1698. Todo esto hace que casi imposible saber donde se encuentra el escritor.
Tal vez el vínculo que unió a Cervantes con las Trinitarias fuese que en él profesó Isabel, hija de Cervantes. Cuando el escritor fue apresado en Argel por los piratas turcos que abordaron el barco en el que regresaba a España tras participar en la guerra contra el imperio otomano, su liberación fue costeada por la orden Trinitaria, motivo por el que Cervantes estuvo desde entonces como recadero de las Trinitarias en agradecimiento por su liberación hasta el día en que murió, que por expreso deseo del mismo, fue enterrado junto a su esposa Catalina de Salazar.

Yo escribía en el blog el día 7 de septiembre del 2010 en el artículo sobre el Convento de las Trinitarias:

"Como acabamos de comentar, en el convento está enterrado Miguel de Cervantes, pero sin saber el sitio exacto de sus restos. Fue enterrado humildemente y como tantas y tantas tumbas en las iglesias de Madrid, la de nuestro escritor desapareció para siempre también. Sabemos que fue enterrado en el convento, pero la verdad es que no tenemos ni idea si fue en la iglesia, en el claustro o en el interior del convento, de todas formas al reformarse y construirse la iglesia de nuevo, la antigua capilla que contenía el convento, fue derruida, y a saber ahora donde se encontrarán sus huesos... pero por tratarse de quien se trata, creo que ya se debería haber investigado para encontrar al escritor, el ayuntamiento junto a las Trinitarias o de quien dependa, ya tenían que haber intentado encontrar el lugar exacto. Don Miguel de Cervantes, merecería tener un sepulcro en condiciones, aunque el destino ha querido que se encuentre en algún lugar desconocido para el resto de los mortales. No obstante, una placa en la fachada del convento, recuerda que allí fue enterrado."


Ahora las cosas han cambiado y el próximo lunes se iniciará la búsqueda de los restos del autor español más universal de la historia según leemos en la prensa. Todo está preparado para que un prestigioso equipo formado por el georradarista Luis Avial, el antropólogo forense Francisco Etxeberría y el historiador Fernando de Prado, comiencen los trabajos para encontrar los restos en tres fases. En una primera fase de detección, se buscara en el subsuelo con el georradar y en los muros con sensores de infrarrojos. La segunda fase consistirá en excavación de los sitios que el georradar haya detectado como posibles sitios en los que pudiera encontrarse los restos (no será tan fácil porque se supone que existen otros quince cuerpos enterrados en el convento) y una tercera que serán de análisis forenses. Esta última fase no sería muy difícil si tenemos en cuenta que Miguel de Cervantes recibió tres impactos de arcabuz durante la Batalla de Lepanto en 1571, dos en el pecho y uno en la mano izquierda (hecho por el cual le quedó la mano inútil y de ahí que le llamaran el "Manco de Lepanto"), junto a que según él mismo escribió, "era un hombre cargado de espaldas posiblemente provocado por una artrosis, con una naríz curvada y que le quedaban seis dientes en la boca". Esto facilitaría su identificación por las secuelas físicas del esqueleto y sobre todo por la mano que se le quedó atrofiada y que no se la amputaron como muchos piensan. Al no tener funcionalidad en la mano, deja secuelas en los huesos.

En caso de encontrarse el sitio donde reposan sus restos, no será posible el estudio por ADN por que la única descendencia directa actual es la de su hermano Rodrigo, pero después de 400 años de ADN, lo que pudiera tener en común con Cervantes sería mínimo y con muy poca fiabilidad. No se pretenden sacar los restos ni cambiarlos de lugar, pero sí darles el prestigio que se merecen bajo una placa que lo acredite.

Por lo que he podido leer, la búsqueda en principio se limita a los suelos, paredes de la iglesia y a una cripta que permanece sellada y en la que no entra nadie desde 1955. Pienso que no será tan fácil si no amplían la búsqueda a otras partes del convento, ya que las numerosas obras y remodelaciones que se hicieron después de su muerte puede seguramente haber cambiado la iglesia del emplazamiento original de la construcción primitiva.

viernes, 2 de marzo de 2012

Basílica de Jesús de Medinaceli



Ningún día mejor que hoy, primer viernes de marzo, para presentar este artículo sobre la basílica de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, en la que los fieles llevan más de diez días esperando en la calle para entrar a besar los pies a Jesús de Medinaceli y pedirle tres deseos, de los que se concederá uno, como manda la tradición. Este año el deseo que ganará el ranking será sin duda "trabajo".

La basílica ocupa el solar donde estuvo el convento de los trinitarios descalzos de Nuestra Señora de la Encarnación y fue fundado el 7 de abril de 1606 por Francisco Gómez de Sandoval, Duque de Lerma. Años más tarde se hizo con su patronato el duque de Medinaceli. El edificio fue destruido en la guerra de la independencia y en la época de Fernando VII, se procedió a su reedificación. En 1836, antes de estar acabado, llegó la desamortización de Mendizabal y el edificio quedó abandonado y en 1843 fue devuelto al duque de Medinaceli. El duque a su vez, lo donó a las monjas del Caballero de Gracia. En 1890 se demolió el convento de San Antonio del Prado, del que el patronato también corría a cargo del duque, y el convento de Jesús, pasó a albergar a los Capuchinos de Castilla del demolido convento, que lo regentan desde entonces hasta nuestros días. En 1922, por amenaza de ruina, el convento fue derruido de nuevo y se empezó a levantar un nuevo templo en el mismo lugar en 1927, por el arquitecto Jesús Carrasco-Muñóz. En 1930 la iglesia fue consagrada por el obispo de Madrid, Leopoldo Eijo Garay. En 1973, el templo, fue elevado a Basílica menor por el Papa Pablo VI. En esta iglesia se venera una de las imágenes más populares y famosas. Por supuesto, la más venerada de Madrid, y posiblemente una de las que más se venera en toda la cristiandad.


Imagen de Jesús de Medinaceli



Imagen de Jesús de Medinaceli
La talla de la imagen no se sabe a ciencia cierta el autor, pero posiblemente sea de la escuela del sevillano Juan de Mesa. Uno de sus discípulos, Luis de la Peña o Francisco de Ocampo, serían los posibles autores.
Fue tallada en el siglo XVII por encargo de la comunidad de los Padres Capuchinos de Sevilla, para llevarla a Mámora, en el norte de África, para culto de los soldados españoles, llamada por ellos la plaza de San Miguel de Ultramar. Pero el 30 de abril de 1681, Mámora cayó en manos del ejército del rey Muley Ismael. Todos los prisioneros, los Capuchinos y la imagen, fueron trasladados a Mequínez, a 60 kilómetros de Fez. Allí, y por orden expresa del rey Muley, la imagen fue arrastrada por las calles, en señal del odio que sentía el rey por la religión cristiana e incluso algunos historiadores aseguran que después fue arrojada la talla a los leones.
En un basurero de estiércol, la imagen fue encontrada por fray Pedro de los Ángeles, que se presentó ante el rey arriesgando su vida. Solicitó un rescate por la imagen, como si se tratara de un ser humano, a lo que el rey accedió, no antes de advertirle que de no conseguir el dinero para el rescate, sería quemado vivo junto a la imagen. Convencieron al rey para que tasara el rescate de la imagen, pagando su peso en monedas de oro. Los frailes solo tenían 30 monedas, que fueron las necesarias para que la balanza se equilibrara. La operación se repitió en numerosas ocasiones y en distintas balanzas, pero siempre se equilibró con las 30 monedas. El rey había dado su palabra, y el rescate se hizo efectivo. La imagen fue llevada a Madrid, donde fue recibida en una procesión a la que asistió la nobleza, todo el pueblo y la Casa Real, y se le hizo una capilla, que fue donada por el duque de Medinaceli, anexa al convento de los Padres Trinitarios Descalzos. En la época de José Bonaparte, la imagen pasó por varias iglesias de Madrid en el afán de salvar la talla, y una vez que volvió a su capilla, unos años después, hubo un nuevo peregrinar de la imagen, en la desamortización de Mendizabal de 1836. Después de estar diez años en la iglesia de San Sebastián, el duque de Medinaceli, una vez más, pudo conseguir que la imagen volviera a los Trinitarios Descalzos, que en en ese momento lo regentaban las monjas del Caballero de Gracia. Pero tendría que llegar la guerra del 36, para que la imagen volviera a salir de su capilla y comenzar a viajar otra vez. La imagen se escondió para que no se destruyera en una caja de madera tapada con sábanas, y una vez descubierta fue trasladada a Valencia, después a Barcelona y luego a Ginebra. Una vez acabada la guerra, la imagen fue devuelta de nuevo a Madrid, en donde por segunda vez en la capital, se esperó a la talla con gran espectación. En esta ocasión llegó en tren a Pozuelo de Alarcón, donde fue recibida con honores militares y llevada momentáneamente al monasterio de la Encarnación. Por fin el 14 de Mayo de 1939, la imagen fue llevada en procesión hasta su nuevo templo, en donde sigue descansando hoy en día.


Vista del camarín que cobija la talla



Cada viernes se recuerda la muerte y pasión de Cristo, y desde el principio se pudo comprobar que los madrileños asistían en mayor número ese día, a venerar la imagen. Pero es el primer viernes de marzo, cuando realmente ha llegado la tradición de asistir en masa hasta su templo. Cerca de medio millón de personas, acuden ese día a besar los pies de Jesús Nazareno en el templo. Muchos días antes, ya se encuentran muchas personas guardando cola para poder entrar de los primeros al templo. Allí pasan los días, las noches, comen, beben y duermen para demostrar su fe por la imagen. La tradición, que realmente no sabemos muy bien porqué, dice también que hay que pedir tres deseos, de los que se concederá solo uno. La imagen devuelve el favor a los madrileños, y sale en procesión el viernes santo por las calles de Madrid, en donde un millón de personas acuden a verle. Es extraño, pero nadie sabe el verdadero motivo de la masiva visita en los primeros viernes de marzo y el porqué de los tres deseos.
Aunque le conocemos con pelo natural, la imagen tiene debajo tallada, una larga cabellera. La imagen es de talla completa, con una magnífica policromía sin que le falte ningún detalle.






Basílica de los Capuchinos
En el lado izquierdo del crucero, se encuentra la Capilla de la Inmaculada, que contiene un retablo de madera policromada, obra de Tomás Parés Pérez. En el centro del retablo, una imagen de la Inmaculada con cabeza, manos y pies de madera, y el resto de tela encartonada. Una imagen de gran belleza, de autor desconocido, que procede del desaparecido convento de San Antonio del Prado. A cada lado, dos tallas que representan a los arcángeles San Miguel y San Rafaél.

La fachada de la iglesia, es neo-barroca, rematada con un frontón y cruz. En el centro de la fachada, una ventana que cobija una vidriera de la Casa Maumejeán, de siete metros de alto por 5 de ancho, que representa escenas del Nazareno. La Basílica es relativamente moderna, por lo que no podemos destacar grandes obras de arte en su interior. Pero comentemos una preciosa imagen de San Antonio de Padua, obra de Benlliure. La imagen de Nuestra Señora de la Divina Providencia, es obra de Mariano Bellver.


Vista de la fachada








San Antonio de Padua, obra de Benlliure




Capilla de la Inmaculada




Nuestra Señora de la Divina Providencia, obra de Mariano Bellver



En su interior, en la parte alta del presbiterio, un grandioso arco triunfal de medio punto, cobija un camarín que guarda la talla. Para poder subir hasta la imagen, existen dos escalinatas de escaleras que suben a ambos lados del presbiterio. La imagen está alojada entre cuatro columnas corintias que soportan un templete greco-romano.
Existe una capilla donde están enterrados en sarcófagos de mármol, los duques de Medinaceli, de los que gracias a su devoción y donación de este templo y capillas anteriores, le fue puesto el nombre a la iglesia y la talla, que se llamarán para siempre "de Medinaceli".


Interior de la iglesia con la imagen en lo alto del presbiterio



domingo, 14 de agosto de 2011

Casa-Museo Lope de Vega



Lope de Vega compró la casa en 1610 viviendo en ella hasta 1635, los últimos 25 años de su vida. Junto a él una de sus esposas Marta de Nevares y como de todos es sabido que tuvo hijos con distintas mujeres, tanto de matrimonio como de amoríos, pues también vivieron aquí junto a Marta y Lope, varios de esos hijos. Hablaremos de Lope de Vega en un artículo en la sección de madrileños ilustres.







La casa de 250 metros y tres plantas, contiene además un jardín que también se usó en su momento como huerto, un oratorio donde daba misas después de que se le nombró sacerdote, alcobas, buhardillas, cocina y el famoso estudio donde escribió muchas de sus más famosas obras. La casa está decorada con varios cuadros cedidos por el Museo del Prado y el Convento de las Trinitarias, el mobiliario por el Museo de Artes Decorativas y libros de la Biblioteca Nacional. La casa se abrió de nuevo al público tras una restauración a cargo del Patrimonio Histórico y está en la calle de Cervantes en el Barrio de las Letras.


jueves, 28 de octubre de 2010

Oratorio del Santo Cristo del Olivar



El Oratorio del Santo Cristo del Olivar encierra dos verdaderas obras de arte que muchos madrileños desconocen. Se trata del Cristo del Olivar, obra de Manuel Pereira, y la Virgen del Rosario, obra de Luis Salvador Carmona.

El primitivo templo fue construido en 1647 por Don Manuel Aguiar, para que en él se estableciese y se creara la Real Congregación de los Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento, fundada en 1608 en el convento de Trinitarios Descalzos. A esta congregación pertenecieron personajes ilustres como Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo. Esta cofradía se creó por el hecho de que habiendo profanado unas Sagradas Formas unos herejes en un templo católico de Londres, se reunieron en Madrid en 1607 varias personas piadosas, con el propósito de formar una hermandad de desagravio, a la que el monarca Felipe III, puso bajo su protección y en la formación de la cual tuvo gran parte el Beato Simón de Rojas. En un principio se establecieron en la Trinidad Descalza, hasta que en 1615 pasaron al convento del Espíritu Santo y dos años después a la Magdalena, comprando más tarde el terreno que hoy ocupa en la calle de Cañizares.

La iglesia es de estilo barroco, realizada en la segunda mitad del siglo XVII, aunque se rehizo a principios del XX. La fachada es de piedra, ladrillo y revoco, en sus elementos decorativos, con enmarcamiento de vanos y líneas estructurales. De corte herreriano, imita la arquitectura religiosa madrileña del primer tercio del siglo XVII. Se estructura mediante un esbelto cuerpo central, entre dos más cortos laterales. El acceso se organiza a través de una gran portada compuesta de dos arcos superpuestos. El inferior, de ingreso, está culminado por un friso cuyas metopas se decoran con los símbolos de la esclavitud. Sobre éste luce una gran vidriera con el tema de Cristo Eucarístico, enmarcada por un gran arco con dos pilastras de orden compuesto a cada lado, rematadas en pináculos estilizados. Culmina este cuerpo por un frontón triangular, en cuyo vértice se erige una espadaña con un vano de inspiración clasicista, rematada por una cruz de forja. En los cuerpos laterales, se abren dos vanos que acceden al interior, en los que en su parte superior están dispuestos dos vanos de medio punto que alojan vidrieras sin representación figurativa. Estos cuerpos y las vertientes del frontón se culminan en pináculos de orden ecléctico.







Interior del templo









El interior del templo es de tres naves, separadas por pilares con capiteles de orden compuesto y que apean arcos de medio punto, crucero poco marcado y cúpula sobre pechinas que se ornan con cuatro escudos que aluden a la Real Congregación fundadora del Oratorio. En una pechina aparece una custodia, símbolo que conmemora la profanación sacrílega y que motivó la fundación de la Hermandad. La nave central se cubre con bóveda de cañón con lunetos y las laterales con bóvedas de arista. El testero es plano con dos capillas laterales a los lados y en el crucero se eleva una cúpula sobre pechinas. El coro se eleva a los pies y el templo se ilumina con ventanas con forma de vanos termales.

El templo se cubre con una bóveda de cañón con lunetos



Vista de la nave central, crucero y presbiterio









Todas las obras de escultura y retablos de la iglesia, excepto las dos comentadas, son contemporáneas, por haber sido destruidas íntegramente todas las anteriores en la Guerra Civil de 1936 (más de lo mismo).

En el presbiterio destaca el gran retablo mayor, de madera, que aunque se halla sin policromar, no por ello deja de producir un ambiente cálido en el sagrado recinto. El retablo consta de dos cuerpos y ático. El primero se orna con una serie de molduras doradas.






En el segundo pende el Cristo en la cruz, Titular del Oratorio, entre dos columnas corintias que lo enmarcan y a las que flanquean sendas cruces dominicas. Sin duda la pieza más importante del conjunto es esta admirable escultura del Crucificado, que da nombre al templo y que realizó Manuel Pereira en 1647.


Cristo del Olivar, obra de Manuel Pereira de 1647




El nombre del Olivar le viene a esta imagen, porque en la zona en la que se encontraba en el siglo XVI había un olivar,que separaba el barrio de San Sebastián de la Judería del Avapiés, situada junto a la iglesia de San Lorenzo. En el centro del olivar había una pequeña ermita dedicada a un Cristo crucificado, llamado de la Oliva y que tuvo amplio culto por parte de la vecindad de la zona.
Esta veneración no agradaba a los judíos, que según la leyenda incendiaron la ermita y profanaron la talla del Cristo. Ante este hecho sacrílego, el rey Felipe II, en cuyo reinado aconteció el suceso, ordenó reconstruir la ermita y restaurar la sagrada imagen, después de castigar a los culpables de la profanación. En el año 1607 esta imagen fue entregada a la Orden de Predicadores, que la veneraron en su iglesia, sustituyéndola más tarde por la talla actual, que realizó el escultor portugués y que es similar a la del Cristo de Lozoya de la Catedral de Segovia. Pereira también ejecutó una Virgen y un San Juan, que componían con el Cristo un hermoso Calvario, pero ambas fueron destruidas en la guerra del 36.

La talla del Cristo del Olivar es una bella escultura, con un modelado perfecto y un excelente cuidado en el tratamiento y descripción de su anatomía. Durante mucho tiempo estuvo en un altar lateral, pero ahora se encuentra en el presbiterio, situación que le corresponde, pero que dificulta mucho su apreciación artística.


Junto al presbiterio, en el lado de la epístola, se abre una pequeña capilla con un altar compuesto de columnas corintias que sustentan un frontón curvo partido y que alojan una suntuosa hornacina, que se orla con 15 medallones en bronce dorado, en los cuales figuran las representaciones en relieve de los 15 Misterios del Rosario. En medio de ellos sobresale por su espectacular y serena belleza la escultura de Nuestra Señora del Rosario que, con la del Cristo del altar mayor, constituyen las dos joyas artísticas de la iglesia.

La imagen de esta Virgen procede del convento de Santo Tomás, que estaba situado en la calle de Atocha, donde hoy se encuentra la iglesia de Santa Cruz. Cuando se derribó el convento en 1889, los religiosos se trasladaron al Oratorio del Santo Cristo del Olivar, que son los que lo administran hasta la fecha.





El autor de la escultura es Luis Salvador Carmona y la realizó hacia 1760. Es una talla de madera policromada. La peana está compuesta por ángeles, serafines y nubes, formando un sólido bloque escultórico sobre el que se eleva María, sedente, en un trono de brazos curvos y amplio respaldo, imitando un sillón nobiliario del siglo XVIII. La Virgen sostiene al Niño en brazos y ambos portan un rosario, al igual que dos ángeles de la peana. La Virgen viste túnica roja, ceñida por un cinturón dorado y se envuelve en un manto azul, sujetado en el pecho por un gran broche de oro. Tanto la Virgen como el Niño, están coronados por una gran corona.



Virgen del Rosario, obra de Luis Salvador Carmona

domingo, 24 de octubre de 2010

Iglesia de San Sebastián



La iglesia de San Sebastián es uno de los monumentos más importantes de la historia de Madrid y sin embargo, es uno de los que defrauda más al contemplarlo.

Fue fundada el 1 de mayo de 1541 por parte del cardenal Juan de Tavera, arzobispo de Toledo. En un principio estuvo situado en la ermita de su nombre, que se hallaba en la frecuentada salida del camino hacia Atocha. Hacia 1554 se inició la construcción del nuevo templo, siendo encomendadas las obras al maestro Antonio Sillero, que era alarife de la Villa de Madrid. Las obras, por escasez de medios económicos, debieron ir en un principio muy lentas. En 1576 parece que aún no se había cerrado la bóveda de la nave central. Las obras se concluirían hacia 1578, cuando ya estaba el templo en uso, quedando sólo después la labor decorativa. Posteriormente continuaron los trabajos con la edificación de la capilla mayor, sacristía, cementerio, etc. La torre se comenzó entre 1612 al 1613, siendo el maestro de obras, Lucas Hernández. Debió de ser sencilla, similar a la actual de San Ginés. Pronto se establecieron en el nuevo templo una serie de congregaciones y cofradías importantes. Como la de la Misericordia, una de las más antiguas de Madrid, la del Cristo de la Fe o los Alabarderos de Palacio, la de Nuestra Señora de la Novena de los Representantes españoles, la de Nuestra Señora de Belén de los Arquitectos, etc. A lo largo de los siglos este templo fue embelleciéndose y completándose con hermosas obras de arte, así como numerosos añadidos de capillas.

Pero todo ello desapareció cuando en 1936 la iglesia fue asaltada, quemándose completamente los altares y retablos. Se destruyó todo lo que en ella había, salvándose el magnífico archivo parroquial, donde encontramos una fuente inagotable de datos sobre el templo y personas que tuvieron con él relación. Por si fuera poco lo que aconteció en la guerra en esta iglesia, la noche del 19 al 20 de noviembre de ese mismo año, un avión de los ejércitos nacionales arrojó una bomba sobre el edificio, ya que se consideraba que el templo albergaba un polvorín-almacén de víveres de los ejércitos republicanos. Quedó solo en pie parte de la cabecera del templo, la capilla de los Arquitectos, la portada y la torre con las campanas. Aunque más tarde, dicha torre, por disposición del Ayuntamiento, que deseaba ensanchar la calle de San Sebastián, fue derribada con la intención de volver a reconstruirla, aunque remetida hacia adentro, pero nunca se llevó a cabo.


Foto de Urbanity (Juanjo)



En la actualidad nos encontramos con un nuevo templo, el cual es obra del arquitecto Francisco Iñiguez Almech, que inició las obras en 1943 y las concluyó en 1959. Diez años después el Gobierno declaró la iglesia de San Sebastián monumento Histórico-Artístico, en especial atención al rico archivo que cobija, porque lo que se dice el edificio... no merece tal condición.
En la reconstrucción se cambió la orientación del edificio y la antigua capilla mayor pasó a ser una lateral, ubicándose la nueva capilla principal junto al antiguo cementerio, solar que podemos delimitar perfectamente en la actualidad y en el que se enterró a Lope de Vega, que más tarde fue cambiado a una fosa común.




El nuevo templo es un edificio con dos partes claramente delimitadas. La zona antigua, que incluye las actuales capillas de Belén, Sagrado Corazón de Jesús y Virgen de la Misericordia. Junto a ellas se alza la parte moderna, constituida por un conjunto de planta ochavada, con cabecera y cubierta por medio de una gran cúpula central con linternas y el coro a los pies.




El templo no encierra en la actualidad los ricos tesoros artísticos que tuvo a lo largo del tiempo, pero guarda otros que bien merecen una visita a su recinto.
En el exterior hay que destacar que tiene dos portadas. La principal, que es la que da a la calle Atocha, de gran sencillez, puesto que es un arco de medio punto, que da paso al atrio, después de traspasar una reja moderna. Allí están las entradas a la capilla de Belén y del Cristo de la Fe. La otra portada es la correspondiente a la calle de San Sebastián, mucho más interesante que la precedente. La portada, realizada con gran parte de los restos de la antigua portada de la calle Atocha, obra de Pedro de Ribera, dato que no puedo confirmar. Era de estilo churrigueresco, pero fue picada y variada para adaptarla a los gustos de la época. Es de estilo neoclásico, y producto de lo rehecho con la antigua barroca, que tantos ataques recibió por parte de los tratadistas neoclásicos. En la actualidad está constituida por dos columnas jónicas que enmarcan la hornacina superior y sostienen el frontón. En su centro se cobija una escultura moderna de San Sebastián, obra de Antonio Martín Méndez, no es la primitiva de Luis Salvador Carmona, la cual se destruyó en la guerra, conservándose afortunadamente en casa de un feligrés la cabeza del santo.







Interior del templo







En el interior llama la atención la amplitud y la gran sencillez de la nave centralizada. La gran cúpula es la que ilumina el templo y se encuentra sustentada por pechinas, en donde se cobijan las esculturas de los Cuatro Evangelistas, obra de Antonio de la Cruz Collado, sobre las cuales se halla el emblema tetramórfico respectivo. La cúpula está formada por nervios que se entrecruzan, siguiendo modelos árabes, para dejar en el centro la linterna, que se asienta sobre lunetos.









El altar mayor es una obra contemporánea. Fue realizado por los Talleres Granda, los encargados de recomponer las maltrechas iglesias de Madrid de la posguerra. En el centro del conjunto hay una gran escultura de San Sebastián, imitación de la realizada por Alonso Berruguete, para el convento de San Benito de Valladolid, siendo obra de Antonio de la Cruz Collado. Se remata el conjunto por un Calvario, realizado por el escultor sevillano Luis Ortega Bru. El crucificado es similar al Cristo de la Salud y Caridad, que se halla en la Capilla de Montessión de Sevilla. Como detalle original, hay que señalar la posición sedente de la Virgen y San Juan. Al fondo hay una moderna vidriera con el Espíritu Santo dentro de un resplandor.











En la capilla mayor hay cuatro cuadros. El primero sobre la puerta de la sacristía, es una Inmaculada Concepción, del pintor madrileño del siglo XVII, Matías Ximeno. Un Martirio de San Sebastián, obra de Dionisio Mantuano, también del XVII, según un grabado que repite una composición de Hans Van Aachen, que se halla en la iglesia de San Martín de Munich. En el lado contrario un Santo Ángel de la Guarda, fechado en 1890, realizado por P. Francés. Junto a él la Preparación para el Martirio de San Sebastián, soberbio lienzo del XVII, obra del pintor napolitano Lucas Jordán.





Crucificado de escayola. Junto a él, cuadro del siglo XVII anónimo, con el Abrazo de San Francisco de Asís al Crucificado.




Cristo del Olvido, escultura moderna de madera y Nuestra Señora de los Dolores, talla de vestir del siglo XIX, titulares de una antigua cofradía, hoy extinguida.






Talla de San José, obra de José Luis Vicens, imitando el de Juan Adán de San Ginés.





Copia de la Inmaculada de Tiépolo, del Museo del Prado, realizado por María Fuencisla Llorente.




Enmarcando la antigua capilla mayor, hoy del Sagrado Corazón, hay sendas esculturas modernas de San Nicolás de Bari y de San Antonio de Padua. El titular de la capilla es una escultura de Víctor González Gil. Muy interesante es el sagrario, realizado siguiendo un boceto de Iñiguez Almech, por Pedro José Villalba, broncista. En este ámbito penden dos pinturas, una Inmaculada de Mateo Cerezo y un San Jerónimo penitente de Antonio de Pereda del siglo XVII.





Capilla de Nuestra Señora de la Misericordia, titular de una antiquísima cofradía, dedicada a actividades caritativas. La Virgen es una talla de vestir, obra del escultor Víctor González Gil, que repite modelo de la perdida en guerra. Se conservan las vestiduras antiguas.






A los lados dos lienzos de Lucas Jordán, La Presentación de Jesús en el Templo y la Circuncisión.








Hemos dejado en último lugar la Capilla de los Arquitectos de Nuestra Señora de Belén. Se empezó a realizar en el siglo XVII por el maestro de obras Francisco Moreno, pero fue reformada por Ventura Rodríguez, de quien es la fábrica actual. Su decoración en la cúpula a base de casetones y las pechinas ornamentadas con cabezas de ángeles son de gran belleza. En la cabecera hay un mural de José Vaquero que representa la Huida a Egipto, mientras a la derecha se establece un grupo con el mismo tema, obra de Antonio de la Cruz Collado, inspirado en el anterior perdido, de Luis Salvador Carmona.
En esta capilla se encuentran enterrados los arquitectos Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva.








Decir que el magnífico archivo de esta iglesia por el cual fue declarada Monumentos Histórico-Artístico, contiene entre otros, datos biográficos de miles de personas célebres. Entre algunos nombres que figuran en bautizos, nacimientos, matrimonios y difuntos, podemos destacar varios: Ramón de la Cruz, Fernández Moratín, Luis Madrazo, Echegaray, Jacinto Benavente, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Ruíz de Alarcón, Antonio de Pereda, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva, José de Espronceda, Gustavo Adolfo Bécquer, Sagasta, Mariano José de Larra, etc.