lunes, 20 de septiembre de 2010

Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro



El Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es un edificio de estilo neo-gótico, que se encuentra en lo que fueron los campos del Tío Mereje, esta iglesia y convento de los Padres Redentoristas, se construyó entre 1892 y 1898. Los planos son del redentorista belga, Gustave Knockaert y el proyecto de Juan Bautista Lázaro, pero tuvo que abandonarse el proyecto por falta de fondos. Un año más tarde, se retomarían las obras por el arquitecto Manuel Sallaberry.
En esta ocasión, veremos que la imagen que se venera en la iglesia, es un cuadro, al igual que sucede en la iglesia de la Paloma, o en las Carboneras. Pero dejemos estas otras iglesias para próximos artículos y centrémonos en el Santuario que hoy nos ocupa.

La fachada, como el interior del templo, es neo-gótico y en su primer cuerpo tiene tres arcos adintelados de entrada, rematadas con frontones triangulares y arcos apuntados descansando sobre columnas.

Portada de entrada al templo



En el tímpano, el relieve de la Virgen del Perpetuo Socorro, obra de Carrascosa y sobre esta, la estatua del fundador de los Misioneros Redentoristas, el obispo San Alfonso María de Ligorio.




Destaca un gran rosetón enmarcado por un arco ojival, que enmarca una vidriera con escenas de la Virgen




La fachada está enmarcada por dos torres y todo está construido con piedra roja y blanca. El edificio tiene forma de cruz latina con tres naves, rematada en sus extremos por dos rosetones, enmarcados en piedra blanca y ladrillo. El resto del edificio contiene grandes ventanales neogóticos que se distribuyen a lo largo de sus fachadas.




vista desde la calle Manuel Silvela, donde se encuentra la iglesia



otra vista desde la calle Luchana



En el interior del templo, hay poco que destacar, ya que está muy falta de imágenes y altares, pero hablemos de lo más interesante:




interior de la iglesia




Nada más entrar, en el lado del Evangelio, nos encontraremos con la talla del Santo Cristo del Perdón, obra del granadino Torres Rada. Realizado en madera policromada, fue un regalo de la familia Yanguas Mesía. Tengo que decir que la primera vez que vi esta talla, en el letrero que hay a los pies del Cristo, leí Cristo del Pardo, en vez del Perdón, por lo que todos estos años, siempre pensé que el Cristo del Pardo se veneraba en esta iglesia. Menos mal que en esta ocasión, se me ocurrió leerlo de nuevo.

dos imágenes del Santo Cristo del Perdón







En la Capilla a la derecha del presbiterio, una escultura de San Alfonso, de los Talleres Senent. A su lado, las esculturas de San Gerardo María Mayela y San Clemente María Hofbauer, obras de los Talleres de Arte Granda.





El retablo mide 17 metro de altura y está hecho en cedro rojo. El basamento del retablo y el de la mesa del altar, están elaborados con mármoles con incrustaciones de bronce, todo obra de Miguel Rosado y fue un regalo del Vizconde de Torre-Altamira, hijo de marqués de Casa Jiménez, quien también regaló el púlpito y las campanas. El retablo lo preside el Icono de la Virgen del Perpetuo Socorro.






preside el retablo, el Icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, obra de Encarnación González




lápida con los datos del retablo



La Virgen del Perpetuo Socorro, es un Icono bizantino procedente de Creta y venerada en Roma en la iglesia de San Alfonso, fundador de los redentoristas. El Icono no se sabe bien de cuando data, posiblemente sea entre los siglos X y XI, aunque algunos le sitúan a principios del siglo XV.
En el Santuario que tratamos, hay una reproducción de la artista granadina, Encarnación González. El Icono está pintado sobre una lámina de hierro galvanizado de 126 x 24 cm. y el trono de ángeles que rodea el Icono en madera policromada, es obra de los Talleres Granda.





en un pequeño altar debajo del coro, otro Icono más moderno




De todos es sabido mi afición por la música clásica, así que lo siguiente en comentar, es sin duda, lo que más destaco de este templo. Así que vayamos ahora con algo que contiene el Santuario que a mí me tiene loco...


El órgano



El órgano fue construido en París en 1902 por la Casa Merklin y fue instalado en Madrid al año siguiente como donación del barón Montevillena, en el santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. La pieza responde a la estética romántica francesa de finales del siglo XIX.
Se trata de uno de los órganos más interesantes de España, por su tamaño, sonoridad y la elegancia de su mueble. La calidad de construcción de su tubería confiere a este instrumento una categoría a la altura de los mejores órganos románticos de Europa. Entre sus cualidades destaca el haber sido concebido como un órgano destinado a concierto, al disponer de tres teclados manuales y un teclado de pedales.




Contribuye a su importancia el hecho de que conserve toda su tubería original. Su sonoridad se ve realzada, tanto en el plano puramente musical como en el plano estético por estar emplazado en el interior de un edificio neogótico. Desde su instalación, el órgano ha tenido, en sus más de cien años de vida, una gran actividad musical como instrumento litúrgico y de divulgación cultural, utilizándose para autos sacramentales y montajes escénicos.

La caja del órgano es un mueble de estilo neogótico tallado en madera de roble macizo. Musicalmente es un instrumento de grandes recursos técnicos. Entre sus características destaca la sonoridad de los juegos, unidos a la redondez de la trompetería francesa.





El órgano obtuvo el premio "Grand-Prix" en la Exposición Universal de París de 1900.




Algunos de los conciertos que se han dado con este órgano son: El Requiem de Mozart, El Mesías de Handel, La Pasión según San Juan de Bach, las siete últimas palabras de Cristo en la cruz de Haydn o la Misa en sol mayor de Schubert. Estos conciertos han hecho posible la recuperación del Santuario, como centro de música sacra, aprovechando las condiciones acústicas del templo.





Fuente de los datos del órgano: Gabinete de prensa. Vicepresidencia, Consejería de cultura y deporte de la Comunidad de Madrid


La Capilla adosada es obra de José María Ledesma y Alfredo Ramón Laca, y data de 1960, donde se aprovechó un patio interior. El estilo es neo-románico muy moderno, o como diría yo en estos casos, "mu dejao y estilo remordimiento". Las vidrieras, al igual que las del templo, son de la Casa Maumejean.
vidrieras de la Capilla anexa, son de la Casa Maumejean


rosetón en el crucero







vidrieras de la nave







Por cierto, en esta Capilla, es donde habitualmente dan las misas, porque siempre que he ido a fotografiar el edificio, la iglesia está en penumbra y las misas en la Capilla.


Capilla anexa que se construyó en un patio interior que separaba la iglesia de la residencia. En el centro del presbiterio, una vidriera que representa la coronación de María por la Santísima Trinidad, inspirada en el cuadro de Velázquez en el Museo del Prado






sábado, 11 de septiembre de 2010

Monumento ecuestre a Felipe III



En 1847, gracias a la intervención de Mesonero Romanos, la Plaza Mayor se ornó en su centro con la estatua de Felipe III, obra del siglo XVII, de los escultores Juan de Bolonia y Pietro Tacca, antes instalada, desde 1616, en la entrada de la Casa de Campo. La estatua tiene la siguiente leyenda: "La reina doña Isabel II, a solicitud del Ayuntamiento de Madrid, mandó colocar en este sitio la estatua del señor rey don Felipe III, hijo de esta villa, que restituyó a ella la corte en 1606, y en 1619 hizo construir esta Plaza Mayor. Año de 1848".


Fue regalada al monarca por el gran duque de Florencia, Cosme de Médicis y traída a España desde Florencia por Antonio Guidi, cuñado de Tacca.



Estatua de Felipe III, obra del siglo XVII realizada por Juan de Bolonia y Pietro Tacca

viernes, 10 de septiembre de 2010

Real Oratorio del Caballero de Gracia



Al más puro estilo neoclásico, Juan de Villanueva, construyó este edificio que por su lado norte asoma a la Gran Vía madrileña. El Oratorio pertenece a la Asociación Eucarística del Caballero de Gracia, fundada por Jacobo Gratii, apodado "Caballero de Gracia", a finales del siglo XVI. Gratii fue un célebre sacerdote italiano que llegó a ser muy famoso, tanto, que incluso su nombre sale en las letras de una célebre zarzuela.
El Oratorio se construye en 1654 para dicha Asociación, pero en el siglo XVIII, presentaba un lamentable estado de ruinas y la Asociación decide restaurarlo, para lo cual contrataron a Juan de Villanueva.
Villanueva presenta en 1782, dos proyectos para el Oratorio, uno de ampliación, restaurando lo que había y añadiendo pilastras y capillas, y otro nuevo con planta basilical, resultando algo totalmente distinto en la ciudad, por no encontrarse construido nada igual, proyecto que fue el elegido. La Congregación quería que el edificio tuviera cúpula, ya que querían que reuniese las mismas condiciones del resto de las mejores iglesias de la Corte, único elemento que no corresponde al esquema basilical, pero que Villanueva respetó en su proyecto.

La fachada sur, la que da a la calle Caballero de Gracia, fue construida por Custodio Teodoro Moreno, entre 1828 y 1831, introduciendo algunas variantes al proyecto original. Villanueva jugó también con la perspectiva en la fachada, y adosó al final de unas escaleras y antes de la puerta con dintel, dos columnas exentas, que dan la sensación de que el templo está excavado con profundidad.

Fachada de la entrada principal en la calle de Caballero de Gracia



Por encima de la imposta nos encontramos con un bajo relieve que representa la última cena de Jesús (del gran Leonardo Da Vinci), obra de José Tomás. En la parte superior, la ventana del coro y rematando el edificio, un frontón. La restauración de la fachada actual, se debe a Chueca Goitia.






En las obras de construcción de la Gran Vía, el arquitecto Carlos Luque, diseñó y realizó un proyecto en el que el ábside de la iglesia en su cara norte, desapareció al recortarse y modificarse, construyéndose una casa con dos partes simétricas, en cuyo centro, se alojaba una enorme ventanal que daba luz a una vidriera que representa la última cena, obra de Maumejean, que se encontraba en el altar. Una nueva restauración en 1991 por el arquitecto Javier Feduchi Benlliure, hizo desaparecer el ventanal, derribándose la parte central del edificio y construyéndose un gigantesco arco triunfal y un nuevo ábside con piedra blanca, enmarcado todo ello por pilastras corintias, que dejan ver el ábside y la cúpula del templo desde la Gran Vía. En la actualidad, después de haber estado durante un tiempo en el altar mayor del presbiterio, el Cristo de la Agonía, ha vuelto a colocarse la vidriera que está iluminada con luz artificial.

Vista del ábside y la cúpula de templo desde la Gran Vía









El lugar es un rectángulo estrecho y alargado, por ser el espacio disponible que existía entre las construcciones de viviendas que existen a los lados y donde el arquitecto jugó con una serie de efectos espaciales y focales de tal magnitud, que el resultado es increíble.
El logro principal que Villanueva consiguió, fue el efecto visual de un transepto que no existe. Aparentemente da la sensación de haber un crucero con transepto, pero nada más lejos de la realidad. Los detalles y las formas, unido a la disposición de todo ello, resultó un templo en donde sus proporciones solo existen en un efecto simbólico del espacio.




Interior del templo








Vista del falso crucero con la cúpula oval y las bóvedas de cañón




El interior consta de una sola nave, en donde construyó columnas de granito de una sola pieza, con capiteles corintios, separadas de los paramentos laterales, colocadas de tal manera, que el efecto ofrecido es como si la iglesia tuviera tres naves. El resultado es admirable, una columnata que nos lleva la vista hasta el altar mayor, donde se encuentran al fondo otras dos columnas semiempotradas, que hace el efecto de profundidad en el presbiterio, aumentando más aún, el dominio técnico del arquitecto. Encima del presbiterio, una bóveda de cañón que dan un aspecto de basílica romana al estilo de Constantino. El recinto sin lugar a dudas, parece un salón corintio neoclásico.

Vista de la iglesia donde el efecto de las columnas separadas de la pared en forma de pasillos, nos hacen ver con una perspectiva visual, como si existieran tres naves.








En el falso crucero, una cúpula oval, que descansa sobre pechinas, aumentan el efecto de la perspectiva, mientras que con un pequeño retranqueo en la pared, en la zona del falso transepto, la pérdida lineal de los laterales de la nave, hace en sí, más acusado el efecto de la perspectiva, de tal modo que el espectador, cree admirar un crucero en toda regla, simplemente magistral. Los frescos de la cúpula y las bóvedas, son obras de Zacarías González Velázquez.



cúpula de la iglesia, con frescos de Zacarías González Velázquez









Presbiterio con la vidriera entre columnas semiempotradas de la última cena de la casa Maumejean









De las obras de arte que figuran en el templo, podemos destacar la Virgen del Socorro, obra de Francisco Elías, Nuestra Señora de la Perseverancia, cuadro de los más antiguos que se encuentran en la iglesia, la Purísima, lienzo de Zacarías González Velázquez y el Cristo de la Agonía, obra magistral de Juan Sánchez Barba.

Lienzo de la Purísima, obra de Zacarías González Velázquez




Maravillosa la talla del Cristo de la Agonía, obra de Sánchez Barba




Lienzo con San Miguel Arcángel luchando contra el diablo, pintado en 1796 por José Beratón




San Juan Evangelista, obra del siglo XVII, relacionados con la producción de Mateo Cerezo




Nuestra Señora de la Perseverancia, del mismo autor que el anterior.



Aparición de Cristo a la Magdalena, escena conocida como el "Noli me tangere", obra de José Beratón





Lienzo de San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña, obra del siglo XVIII pintado por José Camarón




San José con el Niño, firmado en 1794 por Zacarías González Velázquez





Bajo relieve en la fachada de la última cena de Leonardo, esculpida por José Tomás

jueves, 9 de septiembre de 2010

Fuente de Juan de Villanueva



La fuente de Juan de Villanueva, se encuentra en el Paseo de Camoens del Parque del Oeste y se construyó para conmemorar el centenario de la muerte del arquitecto Juan de Villanueva. El proyecto que salió a concurso público, fue ganado por los arquitectos Victor d'Ors y Manuel Ambrós, y esculpida por el escultor Santiago Costa.
En su inauguración, en 1952, se instaló en la Glorieta de San Vicente, donde estuvo hasta mayo de 1995, que se trasladó al sitio donde se ubica actualmente. Pero en su traslado, perdió parte del monumento. La fuente tenía en el pilón tres grupos de esculturas que representaban tres temas madrileños, El Madrid de San Isidro, el Madrid artesano y el Madrid capital. Uno de ellos se encuentra en el Retiro, el que representaba al Madrid de San Isidro, otra parte del segundo, está en el Parque de la Dalieda de San Francisco y los demás no tengo ni idea, aunque creo que seguirá en el taller de Cantería de la Casa de Campo, o lo que es lo mismo, la Casilla de la Casa de Campo, de donde salen muchos de los monumentos, estatuas, fuentes y bordillos de las aceras de las que podemos observar por la ciudad.

Fuente de Juan de Villanueva



La estatua está construida en granito y el interior es de hormigón, imitando a los estilos arquitectónicos que utilizó Villanueva, dórico, jónico y corintio, de los que podemos observar en el trazado de la fuente, diversas columnas en su estructura, imitando esos estilos. También contiene unos relieves con forma de medallones, representando las distintas obras del arquitecto.


Surtidor y taza superior de la fuente



taza central, donde podemos ver las columnas dóricas y corintias








Curiosamente, nos encontramos ante una fuente que no tiene nombre y que la conocemos por el arquitecto al que fue dedicada. La fuente, es digna de verse en todo su esplendor. El agua que fluye desde los 22 metros de altura, cae a la taza de la parte superior, para verterse a otra taza mucho más grande en la parte central, que a su vez se vierte al pilón central en la parte inferior de la fuente. El efecto es espectacular, la caída del agua no deja ver la estructura de la fuente, cuando está en funcionamiento, solo se ven dos cascadas redondas de agua cayendo y con las corrientes de aire y el viento, el agua salpica todo el entorno, no dejando a ningún coche que pase por la Glorieta, a salvo de salir empapado mientras giran por ella. Pero hace ya un tiempo que los chorros superiores se han cortado al mínimo para no empapar la calzada, que supongo que será por el invierno y para que no se hiele el agua que queda por el suelo, y la espectacular caída ha desaparecido, dejando en su lugar una discreta caída de agua. La fuente iluminada por la noche es muy bonita y es una pena que muchos madrileños desconozcan este gran monumento que dedicado al gran Villanueva, perdura en nuestra ciudad.


La fuente sin nombre, dedicada al gran arquitecto del edificio del Museo del Prado