lunes, 23 de agosto de 2010

Iglesia de las Salesas Reales (antiguo monasterio de la Visitación)



El convento de la Visitación de nuestra Señora, de siempre fue representación de la alta clase de la sociedad. Incluso hoy en día sigue teniendo ese acentuado valor de prestigio social. A ello contribuye también la riqueza de su interior por las obras que conserva. Hoy día es la Parroquia de Santa Bárbara.
Consistía en un conjunto formado por iglesia y convento, que no dejaba de ser un Palacio donde la fundadora, la reina doña Bárbara de Braganza, había mandado construir una residencia en caso de enviudar y que de paso fuese un colegio para educar niñas nobles.







Sachetti presentó un proyecto, pero fue finalmente el de Francisco Carlier, que había sido arquitecto mayor de Felipe V y director de Arquitectura y honoraria de la Academia de San Fernando desde 1744, el que se ejecutó. Colaboró junto a Carlier como ayudante, Francisco Moradillo, que modificó algunas partes del proyecto, añadiendo las torres de la fachada, el segundo cuerpo y la cúpula de la iglesia. El estilo es un barroco culto cortesano, totalmente distinto del barroco madrileño acostumbrado en la época. La decoración de las bóvedas y la cúpula fue realizada por los hermanos González Velázquez, un equilibrio perfecto entre arquitectura y decoración. Es en los altares, el púlpito, el órgano, los cinco retablos y la tribuna real, donde nos encontramos con la ostentación barroca e incluso rococó como es el caso de la tribuna.



La Escalinata del atrio a la Iglesia se añadieron en 1930 por Miguel Durán




Detrás del magnífico atrio, cerrado por rejas del siglo XVIII, separadas por pilares graníticos sobre los que se asientan jarrones con flores pétreos, se encuentra una amplia escalinata. A la derecha del acceso se encuentra el Palacio de Justicia, y lo que era la antigua entrada al convento, que en su zona central aloja una gran hornacina, en cuyo centro hay un grupo escultórico en piedra de la Sagrada Familia, realizado por Juan Domingo Olivieri, que era el escultor de cámara de Fernando VI. La fachada del templo se articula verticalmente con pilastras de orden compuesto, formando siete calles, de las cuales las tres centrales configuran el pórtico de tres arcos de medio punto que acceden al atrio de la iglesia.




En la parte superior hay un gran frontón, sobre el cual hay dos ángeles adorando la cruz, obra del escultor Giraldo Bergaz. En el tímpano del mismo se disponen los escudos pétreos de España y Portugal. A los lados hay sendas torrecillas, rematadas por cúpulas bulbosas, para el reloj y el barómetro. En el centro hay una ventana, con una vidriera del XVIII de Santa Bárbara, que ilumina el coro. Varios relieves se distribuyen por la fachada, destacando el central, que es un magnífico tondo circular en donde aparece la Visitación de María a su prima Santa Isabel, que reproduce en iconografía el emblema de la orden que administraba este edificio. El autor de este medallón es el italiano Juan Domingo Olivieri, principal promotor de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.








Este escultor también realizó los dos relieves del primer cuerpo, con Ángeles sujetando las Tablas de a Ley y la Cruz, emblemas respectivos del Antiguo y del Nuevo Testamento. También obra suya son otros relieves menores con atributos episcopales. En el segundo cuerpo, dentro de hornacinas, lucen las estatuas de San Francisco de Sales y Santa Juana Fremiot Chantal, obras de Alfonso Giraldo Bergaz.










Interior del templo







El interior del templo es de gran lujo y belleza. Se organiza por medio de una planta de cruz latina, con cúpula sobre tambor sobre el crucero y coro alto a los pies. Se sostiene por medio de una serie de columnas adosadas de orden corintio, que soportan una gran cornisa, sujetada por modillones. Se cubre por una bóveda de cañón con lunetos a los lados.










En la Capilla Mayor se dispone el magnífico retablo, diseñado por Carlier, siendo realizado en mármoles verdes de Granada y bronce dorado. Se organiza su único cuerpo por medio de seis grandes columnas de serpentina, con capiteles compuestos. En su centro acoge el lienzo con la Visitación de María a su prima Santa Isabel, obra del pintor napolitano del siglo XVIII Francisco del Mura, encuadrado por un rico mármol que lleva las armas reales. En el ático aparece un relieve con San Francisco de Sales adorando a la Santísima Trinidad, flanqueado por las Virtudes de la Religión y la Caridad, esculturas de Olivieri. Del mismo autor son las dos esculturas de mármol blanco de San Fernando y Santa Bárbara, patronos de los reyes fundadores, que se sitúan a ambos lados del retablo. Sobre el altar un Crucifijo Hispano-Filipino de marfil. Mientras que la mesa del altar y las credencias están realizadas en piedras duras en Roma.





En la parte izquierda del retablo se abre la tribuna regia, que comunicaba con el Cuarto Real, lugar donde habitaban los monarcas cuando venían de retiro espiritual a este convento. Es de madera dorada y acristalada y en la parte superior aparecen los escudos de España y Portugal.




Toda la decoración pictórica de la iglesia fue realizada en el siglo XVIII por los hermanos González Velázquez: Luis, Alejandro y Antonio. En 1908 hubo un incendio que afectó a la cúpula, por lo que las pinturas fueron restauradas por Polo y la cúpula por Valdés.

cúpula sobre pechinas en el tramo central del crucero



cúpula y bóvedas pintadas por los González Velázquez



pintura en la bóveda de la nave central, representando a San Francisco de Sales, obra de los Hermanos Velázquez.





Tribuna Real en estilo rococó francés



En el paso del crucero a la nave se encuentra el soberbio púlpito, tal vez el más bello de todo Madrid. Fue realizado en mármoles verdes y blancos, al que se accede por una movida barandilla, en cuya parte inicial hay un ángel, vestido con una dalmática, que sujeta un candelero. En la parte superior se encuentra el tornavoz, que sigue el lenguaje y la estética rococó que predomina en todo el templo.

Púlpito barroco



Pasando a la nave desde el lado del Evangelio, se halla la efigie del Cristo del Amparo, talla del siglo XIX, aunque torpemente repintada.





Sepulcro del rey Fernando VI

Pero hablemos de la verdadera joya que contiene la iglesia. Se trata de los sepulcros de los fundadores, los reyes Fernando VI y su esposa doña Bárbara de Braganza, un proyecto de Sabatini y encargado por Carlos III, aunque más que sepulcros, son auténticos monumentos funerarios. Enterrados allí según sus deseos, son los únicos reyes de España enterrados en la capital (junto a María de las Mercedes de Orleans que se encuentra en la Catedral de la Almudena). Aunque ambos sepulcros están pared con pared, el de doña Bárbara no está al acceso del público, ya que se encuentra en la capilla del Santísimo, una capilla reservada que tiene la entrada desde el presbiterio, mientras que la de Fernando VI, se encuentra en el crucero, en el lado de la Epístola y fue realizada la obra por Juan León y el del rey por Francisco Gutiérrez.

Soberbio y majestuoso sepulcro del rey Fernando VI, encargado por Carlos III. Está realizado en pórfido y mármol. Este monumento se trasdosa con el de su esposa, doña Bárbara en el coro bajo. De extraordinaria suntuosidad fue realizado bajo trazas de Francisco Sabatini, siendo realizado por el escultor Francisco Gutiérrez. Centrado por un arco de medio punto, en cuya parte superior aparece el escudo real de España sustentado por la Fama y un ángel. En la zona central se encuentra la figura de Saturno, como dios del tiempo, que sujeta un medallón con el busto de Fernando VI. Debajo del mismo dos bolas terráqueas coronadas, simbolizando el poderío de España sobre el mundo, son acompañadas por ángeles que sujetan el cetro y la espada, símbolos del poder, mientras que levantan un cortinaje, que nos permite descubrir el sepulcro propiamente dicho, asentado sobre dos leones broncíneos. El cual se cubre por un relieve en donde aparece el rey como protector de las artes. En la parte baja aparecen alegorías de las virtudes del reinado de Fernando VI, por un lado una mujer que representa a la Fortaleza y la Justicia, mientras que en el lado contrario otra matrona simboliza a la Paz y la Abundancia. En el centro una inscripción, realizada por Juan de Irarte, dice lo siguiente traducida del latín: "Aquí yace el fundador de este monasterio Fernando VI, Rey de las Españas, óptimo príncipe que murió sin hijos, pero con numerosas prole de virtudes. Padre de la Patria, el 10 de agosto de 1759. Carlos III dedicó este monumento de tristeza y piedad a su queridísimo hermano, cuya vida hubiera preferido al Reino".
En esta obra colaboró Juan de León.

Monumento funerario de Fernando VI









Sepulcro Proyecto de Sabatini, realizado por Francisco Gutiérrez




Sepulcro de la reina Bárbara de Braganza

La Sala del Reservado es el antiguo coro bajo de las monjas. La planta es de planta rectangular y se cubre por medio de una bóveda rebajada, con lunetos y decoración de yeserías, en cuyo centro hay una pintura de la Adoración del Nombre de Dios, obra de los Hermanos Velázquez. En el frente se dispone un soberbio retablo marmóreo, del siglo XVIII, en cuyo centro hay un grupo del mismo material, con la Sagrada Familia, la obra más exquisita y perfecta de Juan Domingo Olivieri. A sus pies se encuentra el Sagrario, bella obra del siglo XVIII, en donde podemos ver relieves broncíneos de la Adoración a Cristo. A los lados esculturas de principios del siglo XX con los Sagrados Corazones de Jesús y María. En los laterales del altar se encuentran dos armarios del siglo XVIII, de maderas nobles, sobre los cuales hay óvalos con las figuras de los Arcángeles Miguel y Gabriel.

Capilla del Santísimo. Capilla reservada para el sepulcro de doña Bárbara de Braganza



En el lado derecho de la capilla se encuentra el sepulcro de Doña Bárbara de Braganza, esposa amada de Fernando VI. Fue mandado construir por orden de Carlos III, encargando el proyecto a Francisco Sabatini, mientras que la parte escultórica fue realizada por Juan León y concluida por Francisco Gutiérrez, siendo las inscripciones de Juan de Iriarte. Cobijado por un arco de medio punto y realizado en materiales broncíneos y marmóreos se encuentra el sepulcro, en cuya parte superior luce un medallón con el busto de la soberana, sujetado por dos ángeles. En el centro se encuentra una calavera coronada con tibias, símbolos de la muerte, que despuntan sobre el túmulo funerario, en cuya parte frontal aparece el escudo real de Portugal. A los lados dos ángeles lloran por la muerte de la reina.











El sepulcro está separado por la pared del de su esposo



En la parte inferior hay una inscripción alusiva a Doña Bárbara, en donde se lee en traducción del latín: "María Bárbara de Portugal, esposa de Fernando VI, después de haber fundado este templo para gloria de Dios y como convento para religiosas, descansa en este sepulcro entre oraciones y ofrendas. Murió a los 47 años en Kalendas de septiembre de 1758".


Monumento funerario de Bárbara de Braganza



Lo único que queda de la obra de la reina, es el convento, convertido en 1870, ya muerta la reina y exclaustradas las monjas, en Palacio de Justicia, el cual, tras sufrir dos incendios, fue restaurado por Joaquín Roig y destinado de nuevo a Justicia, donde se encuentra hoy el Tribunal Supremo y el huerto se convirtió en la Plaza de París, y también desde ese mismo año, se encuentra al lado contrario del sepulcro de Fernando VI en el interior de la iglesia, el mausoleo de Leopoldo O'Donell, en mármol de Carrara labrado por Jerónimo Suñol. En 1891 pasó la iglesia a la advocación de Santa Bárbara. La escalinata que precede a la iglesia fue añadida por Miguel Durán al abrir la nueva calle de Braganza en 1930.

En la zona del crucero en el lado del Evangelio, se encuentra el sepulcro de don Leopoldo O'Donell, Duque de Tetuán. Su sepultura fue realizada en estilo neoplateresco y es obra del arquitecto Nicolás de Mendivil y del escultor Jerónimo Suñol en el siglo XIX. Su enterramiento en este lugar se debe, como dice la inscripción, al deseo del pueblo de Madrid, de honrar a este héroe de las guerras de África, destacando por la toma de la ciudad de Tetuán.

Sepulcro de Leopoldo O'Donell





Retablos y cuadros


Retablo del siglo XVIII, realizado en mármol verde de Granada en las columnas, que se mezcla con otros mármoles de colores y bronces. Se remata por un relieve marmóreo con cabezas de ángeles. En su centro aparece el cuadro de San Francisco de Sales y Santa Juana Fremiot Chantal adorando el Sagrado Corazón de Jesús. Es obra del pintor italiano Corrado Giaquinto.






Altar con un retablo con una Sagrada Conversación, obra de Isidro Carnicero del siglo XVIII, aunque hay otros que lo consideran de la escuela italiana, relacionado con Francisco del Mura. Representa a la Virgen con el Niño en conversación con San Francisco Javier y Santa Bárbara, en presencia de alegorías de los continentes.





Altar con un retablo muy similar en estructura y decoración a los anteriores en cuyo centro hay un lienzo del pintor francés Charles Joseph Flipart, en donde se representa el momento en que el rey San Fernando recibe las llaves de la ciudad de Sevilla. A los lados esculturas de mediados del siglo XX con San Antonio de Padua y la Virgen Milagrosa.





Altar con otro retablo similar a los anteriores con un lienzo dedicado a las Dos Trinidades, obra del pintor italiano Francisco Cignaroli, del siglo XVIII. A los lados del altar dos esculturas de mediados del siglo XX, con a Virgen del Pilar y Nuestra Señora del Carmen.





En los pies del templo se encuentra la capilla de Nuestra Señora de Lourdes, imagen moderna, que aparece cobijada en el interior de una gruta.











sábado, 21 de agosto de 2010

Obelisco a los héroes del dos de mayo



Estamos ante uno de los monumentos más olvidados y desconocidos de Madrid. Es curioso que este mismo monumento levantado en cualquier otra ciudad europea, sería centro de atención por parte de los turistas y vecinos, pero en la nuestra, además de desconocido, por si fuera poco, lo tenemos escondido dentro de un pequeño jardín entre unos frondosos árboles que no le dejan lucirse, (el mismo problema que tiene el Museo del Prado, que manía en esta ciudad de poner árboles delante de monumentos y donde tiene que haberlos, los quitan) una reja lo circunda, con lo cual, la única forma de verlo es rodeando la verja, para llegar al punto de partida, que ni siquiera desde la verja es posible contemplarlo en todo su esplendor.
En este mismo lugar, que hoy es la Plaza de la Lealtad, el general encargado de las tropas francesas, Joachim Murat, mandó fusilar a 48 madrileños. Fueron días muy difíciles para nuestra ciudad. Durante el 2 y el 3 de mayo, las tropas francesas se cebaron con el pueblo que se había levantado contra el ejército francés.
El monumento consta de una base, donde alberga una urna de piedra, donde reposan las cenizas de los madrileños fusilados, entre los que se encuentran Daoíz y Velarde, héroes de aquel levantamiento, por haber defendido el Cuartel de Monteleón, del que hablaremos cuando lleguemos al artículo de Malasaña.





Sobre el cuerpo de la base y a continuación de un medallón con las efigies de los mencionados Daoíz y Velarde, se encuentra otro cuerpo con esculturas que modeló el escultor Esteban de Ágreda y que representan la Constancia (Francisco Elías), el Valor (José Tomás), la Virtud (Sabino Medina) y el Patriotismo (Francisco Pérez).




y encima de todo ello, nos encontramos con el obelisco del cual no os puedo dar su altura, ya que según he leído en varios sitios, unos dicen que mide 29 metros, algunos que 34 y otros que 46, así que mientras no me coja un metro y vaya un día a medirlo, lo único que os puedo decir, es que está construido de granito común azulado de las canteras de Alpedrete, granito de color teja de Hoyo del Manzanares y piedra blanca de las canteras de Colmenar y que fue un proyecto con concurso público y suscripción popular, donde incluso trabajaron madrileños de calle anónimos, y que ganó el arquitecto Isidro González Velázquez, el cual presentó dos proyectos fuera de plazo, y que el primero se trataba de una pirámide y el segundo, este que ganó, con un obelisco.





En 1821 se colocó la primera piedra, pero por la vuelta de absolutismo a Madrid, se paró hasta que en 1836 se reemplende, inaugurado como no podía ser de otra forma, el 2 de mayo de 1840. En 1985, tras su restauración, el Rey Juan Carlos I reinauguró de nuevo el monumento y pasó a llamarse "Monumento a los caídos por España", colocándose una llama de gas que no se apaga nunca (salvo a principio de la década de los 90, cuando un corte de suministro al Ministerio de Defensa que estaba con déficit presupuestario, dejó sin combustible el monumento) y que así se equiparaba a otros monumentos en el mundo, donde se refleja la tumba al soldado desconocido. Comentaros también, que junto a este monumento, se encuentra el madroño más grande de la ciudad, del que hablaremos en otro artículo cuando nos refiramos a los madroños de Madrid.

viernes, 20 de agosto de 2010

Iglesia de San Ginés






La iglesia de San Ginés de Arlés, en sus origines debió de ser una ermita o mezquita. Fue construida en el arenal, una especie de arroyo donde desembocaban todos los riachuelos y arenas que se iban deslizando calles abajo. Imaginemos por un momento la calle actual de Arenal. A un lado desembocan todas las calles que bajan desde la calle Mayor y por el otro lado, desembocan las que bajan desde Santo Domingo. Así nos podemos dar cuenta como el arenal era el sitio donde rodaban las aguas y las arenas por una especie de "V", en donde el vértice era nuestra calle, un barrizal que llenaba de humedad todo lo que le rodeaba. Esta zona era fuera de la muralla, los arrabales.
Fuera de la muralla habían dos edificios religiosos que databan de la época, aunque la falta de documentación, no permite saber con exactitud si existió un San Ginés mozárabe o no. Muchos historiadores apuntan a que ya era mezquita, pero nadie ha podido demostrarlo por falta de datos históricos. Lo que si está muy claro, es que hablamos de un templo que ya existía en el siglo XII y en el que el patrón San Isidro ya visitaba en sus recorridos por los templos madrileños. Dicen que visitaba la capilla de la Virgen de la Cabeza, pero eso no es cierto, ya que la Virgen de la Cabeza se instaló en San Gines muchos años después.
La Iglesia de San Ginés tiene tanta historia y tantas obras de arte, que podríamos llenar un blog entero, así que veamos como me las apaño para resumir lo mejor posible.

Como hemos comentado, era la segunda levantada extramuros, es decir, fuera de la segunda muralla árabe que cerraba la ciudad. La primera iglesia arrabalera era San Martín, que estaba justo enfrente de San Gines y con la que existió durante siglos, una eterna rivalidad. Esta iglesia ha tenido a lo largo de su historia, incendios, derrumbes, reformas, vamos... que ha ido paralelamente con la historia de Magerit, salvándose en muchas ocasiones de sus desgracias y hasta de la piqueta. Ya por 1513, existen pruebas documentales de la construcción de una nueva torre. Torre que no sabemos donde se ubicaba, pero que seguro en sitio distinto de la actual, ya que en dichos escritos se comenta, que se iba derribando la vieja torre, a la vez de que se levantaba la nueva. Eso quiere decir que por un tiempo, perduraban las dos. Esa nueva torre se hundió también más tarde con parte del edificio y en 1642 tras el hundimiento de parte del templo, se levantó la iglesia nueva con una nueva torre toda de ladrillo, que es la que ha llegado hasta nosotros del viejo templo, ya que el resto se levantó casi de nuevo, después del incendio que destruyó la iglesia una vez más en 1824.
Muchas cosas que contar en el pasar del tiempo en San Ginés y nos sería imposible escribir en un artículo de blog, necesitaríamos un libro entero. La iglesia se saqueó, despojándola de su tesoro artístico, se derrumbó parte del templo por culpa de la humedad del arrabal, se reformó en numerosas ocasiones y para colmo tuvo tres incendios, el último de 1824. De los arquitectos, obras de arte, retablos y capillas que se derrumbaron o ardieron, casi que mejor no hablaremos por la extensión que tendría este post. Así que nos limitaremos a exponer el templo que vemos actualmente y del que no se sabe sus constructores.
La fachada principal en la calle Bordadores (antigua calle de San Ginés), es de estilo neoclásico, con una portada neoplateresca, un escudo, rematada por un frontón con una ventana redonda. Al lado, una esbelta torre, alta, bellísima, con balcones enrejados y volados, chapitel de pizarra rematado con bola, veleta y cruz. Este chapitel se ha visto en ocasiones iluminarse con destellos incandescentes y parecía arder, pero es que la gran veleta que corona la torre y las aristas del chapitel, convierten la torre de San Ginés es un enorme pararrayos.


Vista de su portada neoclásica desde la calle Bordadores













Por la calle del Arenal, la entrada que se utiliza para entrar al templo. Consta de una lonja con patio, lugar donde se encontraba el antiguo cementerio de San Ginés, con tres arcos en la entrada. Encima de los arcos, un segundo piso que se construyó en su última reforma de 1956 por Jose Luis Marín, cuando se le añadió una hornacina donde se encuentra la escultura de San Ginés, a sus lados ventanas enrejadas, pero más pequeñas que la de la planta inferior, y rematada por un frontón con ventana redonda, dos bolas y cruz de piedra.


Lonja o atrio con los tres arcos de entrada neoplaterescos, en la calle Arenal




Segundo piso añadido en 1956 por Maín con un piso con hornacina con la escultura de San Ginés y rematado por un frontón con ventana redonda, dos bolas y cruz de piedra. Este añadido superior, tapa la vista de la cúpula del crucero de la iglesia




A ambos lados del patio, sobresalen dos construcciones hacia la calle, una es la sacristía y otra la Capilla del Santísimo Cristo de la que hablaremos un poco más adelante.
En la iglesia hay enterrados multitud de personas, aunque en su momento se fueron quitando las lápidas y losas para dotar al templo de un suelo uniforme. También existe una cripta repleta de tumbas y sin olvidarnos del cementerio que existía en lo que hoy es el patio de entrada al atrio. Debajo de las escaleras de entrada, en el atrio, existe un pozo de 9 metros de profundidad, que era el antiguo crematorio de la Inquisición (todavía la parroquia conserva carbón de este horno) y también se enterraban a los ahorcados de la Plaza del Arrabal (hoy Plaza Mayor). Luego nos extrañará oír que en un momento dado, en los arrabales se declaraba la peste.
Hay muchísimas leyendas de la iglesia de San Ginés, pero como podemos leerlas en muchos blogs, nos limitaremos a seguir describiendo el edificio y algunas de sus obras de arte que han perdurado hasta nosotros.

Vista de la torre y la cúpula de la Capilla del Santísimo Cristo




Otra vista de la torre, esta vez desde la calle Bordadores




Instantánea nocturna de la torre y la cúpula de la capilla de Santísimo Cristo




Vista desde la calle Bordadores



La preciosa torre mudéjar de ladrillo




El templo es de planta de cruz latina, con tres naves y capillas, todas cerradas con magníficas rejas que son una verdadera obra de arte. En el lado de la Epístola, entre las capillas que se encuentran, está la de la Virgen de los Remedios, capilla que se hizo muy famosa por un caimán disecado que se encontraba en el altar bajo la Virgen. Cuenta la leyenda que Alonso de Montalbán, Comisionado de los Reyes Católicos, en su viaje a América tuvieron un ataque de cocodrilos mientras iban en el barco y decidieron refugiarse en la isla de Portobello, donde ya en tierra, un gigantesco caimán les persiguió. Un enorme árbol se abrió en dos, cayendo una parte matando al caimán, y apareciendo la imagen de la Virgen en dicho árbol, en agradecimiento a su salvación, condujeron la imagen y el caimán a la iglesia. Hay otro par de leyendas sobre el tema (como siempre pasa en estas cosas), pero lo cierto es que desde 1522 estuvo el cocodrilo en la capilla de los Remedios. Aunque creo que el cocodrilo ardió en el incendio de 1824 y luego se puso una copia de cartón. Hace ya varios años que desapareció y cuentan que está en restauración, pero a mí me han contado de muy buena tinta, que se tiró a un contenedor y que unos muchachos estuvieron arrastrando el cocodrilo durante varios días por los alrededores de San Ginés, hasta que acabó despedazado. El tiempo nos dirá que versión es cierta...
Ni la talla de la Virgen de los Remedios, ni la de la Cabeza, son las originales, que también ardieron. Ambas imágenes son de reciente fabricación. Pero muchas imágenes se salvaron y han llegado hasta nosotros. Un San José, obra de Juan Adán, Nuestra Señora de Valvanera de Valeriano Salvatierra (otros dicen que también ardió).


Interior de la iglesia. Nave central con el altar mayor al fondo




Vista del presbiterio con las tribunas enfrentadas, imitando a las de las Descalzas Reales




En el altar mayor, el retablo que sujeta el gran lienzo del Martirio de San Ginés de Arlés. Aquí haremos una pequeña parada: Cuando la iglesia ardió, se llevó por delante el lienzo original pintado por Francisco Ricci y el que hoy contemplamos, fue pintado por José San Martín, tomando como modelo el boceto original de Ricci, que también se encuentra en el templo. Bien, hasta aquí la versión que conocemos normalmente. Pero estudios recientes han demostrado, que el lienzo que preside el altar mayor de San Ginés, es el original de Ricci. Tras el incendio, el cuadro fue dado como quemado y destruido, pero años más tarde, se pudo comprobar que el cuadro una vez limpiado, no estaba tan dañado como se creyó y fue restaurado y puesto de nuevo en el altar. Por las facturas que se guardan del trabajo encargado a San Martín, se sabe que la copia del cuadro se hizo, pero realmente fue ese el que desapareció y no se sabe su destino, mientras que en el altar mayor de San Ginés, se encuentra actualmente el original de Ricci, de hecho, se puede notar que la parte inferior izquierda, la que sufrió daños en el incendio, es de inferior calidad que el resto del cuadro. Yo, sinceramente, mirando el boceto original de Ricci y el lienzo del altar, me cuesta creer esta versión, que sin duda, parece la cierta.

Lienzo en el retablo del altar mayor. "El Martirio de San Ginés de Arlés", obra de Francisco Ricci



Cúpula y pechinas en el crucero



Otros cuadros cargados de valor que podemos comentar, son "La Anunciación" de Lucas Jordán, "Cristo de la Humildad" de Alonso Cano, "La Inmaculada Concepción" de Antolínez, "Cristo camino del calvario" de Cabezalero y la joya del templo "Cristo arrojando a los mercaderes del templo" del Greco. Hay muchos otros cuadros anónimos del siglo XVII y XVIII con gran valor artístico.
En el lado del Evangelio, a los pies de la nave, se encuentra la Capilla del Santísimo Cristo, una capilla independiente con gran veneración y la cual sirvió de parroquia mientras duraron las obras de restauración después del último gran incendio de 1824. La capilla queda ligada al templo por los pies y en el ángulo norte. Tiene fachada a Arenal y a Bordadores y tiene forma de cruz latina con cúpula sobre pechinas y tambor, rematada con linterna. Una cúpula preciosa, con pinturas sobre el tema de la Ascensión. El altar está repleto de mármoles y jaspes rojos con incrustaciones de bronce dorado a fuego en los capiteles. Preside el altar el Santísimo Cristo de la Agonía, obra de Alfonso Giraldo Bergaz. Cuatro ángeles, obra de Pompeio Leoni, que doró el platero Juan Ortíz. El retablo de Bartolomé Zombigo.

La bellísima Capilla del Santísimo Cristo



Cristo de la agonía, obra de Giraldo Bergaz



Detalle en el altar de la Capilla, con los ángeles de la escuela de Pompeio Leoni y dorados por Juan Ortíz




Cúpula de la Capilla del Santísimo Cristo de la Agonía



Hay muchísimas más obras con mucho valor en el templo, pero estaríamos hasta mañana enumerando obras. Os dejo algunas de ellas en algunas fotos.

El Cristo de la Humildad, obra de Alonso Cano




La Anunciación, obra de Lucas Jordán




Querubín, obra de Pedro Hermoso y el lienzo de la Inmaculada Concepción, obra de José Antolínez




El maravilloso boceto de Francisco Ricci, "El Martirio de San Ginés de Arlés". Mirando bien este cuadro, es difícil creer que el lienzo del altar mayor sea del mismo autor, pero así és.




Otros cuadros y esculturas de los siglos XVII y XVIII






Inmaculada Concepción, obra de Talleres sevillanos del siglo XVII, de un seguidor de Murillo.
El retablo es incombustible que imita mármol jaspeado















Cristo de los afligidos, anónimo. Algunos lo atribuyen a Nicolás Fum0



Cristo caído con la cruz a cuestas, obra de Nicola Fumo, obra de 1698



Talla barroca de madera policromada de San Isidro Labrador, anónima



Cristo resucitado, anónima (otros lo atribuyen a Sánchez Barba)



San Judas Tadeo que junto a otro San Judas de la iglesia de Santa Cruz, son muy venerados., obra de Antonio José Martínez. Es copia de una talla barroca idéntica que hay en el msmo templo.



Retablo en la Epístola con la talla de San José, obra de Juan Adán



La Virgen de la Cabeza, obra del siglo XX, ya que la original del siglo XII, se quemó en el incendio de 1824



Atrio o loggia de la entrada a la iglesia en el patio de la calle Arenal




Vista nocturna


Hay muchísimo más que podríamos hablar sobre la iglesia de San Ginés, pero ya veis que nos hemos extendido demasiado y no es cuestión de aburrir al personal. Creo que con los datos ofrecidos, es suficiente para aprender algo de la historia del templo y de las obras de arte más importantes. Hay muchas más, desde luego, porque San Ginés es un museo en toda regla por el contenido artístico que contiene. Se casó Lope de Vega, se bautizó a Quevedo y se hicieron funerales por Luis de Victoria. En 1868 pasó la prueba de fuego, cuando a punto de ser demolida para construir unos jardines, se salvó de la piqueta. Tal vez en algún artículo más adelante, podamos comentar algunas leyendas y anécdotas de su historia. Mientras, aquí os dejo con la joya de la corona...


La joya del templo: La expulsión de los mercaderes del templo, obra del Greco