domingo, 25 de julio de 2010

Iglesia de Santiago y San Juan Bautista



La iglesia de Santiago es la gran olvidada de todas sus hermanas de la zona. Es una de las iglesias más primitivas de Madrid, ya nombrada en el Fuero de 1202.
La iglesia de Santiago, en la plaza del mismo nombre, se encontraba muy cerca de la Parroquia de San Juan Bautista, en lo que hoy es la Plaza de Ramales, de antigüedad similar a la de Santiago y en la que fue enterrado Diego Velázquez. Las dos fueron derribadas por José Bonaparte en su afán de derribar y derribar para hacer plazas, en esta ocasión para construir la Plaza de Oriente.
La iglesia de Santiago ya aparece en un documento de 1257, mientras que la de San Juan Bautista se sabe que fue fundada por un emperador romano y consagrada por el obispo de Silves en 1224. Las dos iglesias tenían altas torres con chapitel, encontrándose muy cerca una de la otra y las dos corrieron la misma suerte en época de José Bonaparte. Pero fue la de Santiago la que se reconstruyó, no quedando absolutamente nada de la de San Juan. En la primitiva de Santiago, hacían sus celebraciones los Caballeros de la Orden de Santiago y bajo su suelo estuvieron enterrados los nobles y grandes Caballeros de la época, como los Losada y los Rivadeneira, dos familias nobiliarias del Madrid de antaño. Felipe II tenía gran devoción por la imagen de la Virgen de la Esperanza que se veneraba en la iglesia y que en varias ocasiones trasladó al Alcázar, para curar enfermedades de sus hijos.
Esta imagen fue encontrada después por un cura en la capilla de los Losada muy mal cuidada y después de repararla se puso en la capilla de los Rivadeneira. Más tarde se colocó en el altar mayor.





Entre 1811 y 1814 en su lugar, se volvió a construir esta iglesia de Santiago y San Juan Bautista, bajo el proyecto del arquitecto Juan Antonio Cuervo, ayudante de Ventura Rodríguez y seguidor del estilo de Juan de Villanueva. El diseño de esta iglesia nunca me ha convencido, además de parecer cualquier cosa menos un edificio religioso. Dentro del estilo neoclásico, donde podemos ver frontones, capiteles y columnas, aquí, parece que brillan por su ausencia. Eso sí, tiene un diminuto jardín en su entrada con cipreses y escalinata.





Lástima que el resto del exterior del edifico no merezca más comentarios que su plana fachada. Sin embargo, el entorno donde se encuentra ubicada, me parece precioso, muy cercano a Palacio y en una plazuela llamada de Santiago, en pleno corazón del Madrid de los Austrias. En la bóveda de esta iglesia estuvo la capilla ardiente de Mariano José de Larra (Fígaro), después de que un disparo que ocasionó él mismo, acabara con su vida en la calle cercana de Santa Clara, y de aquí salió el entierro del escritor, siendo la primera vez que la autoridad eclesiástica daba sepultura en lugar sagrado a un suicida.





Altorrelieve de Santiago Matamoros en la portada




La fachada realizada en granito y ladrillo, se estructura en tres calles y en los laterales podemos observar como fueron proyectados para soportar torres que no llegaron a levantarse. En la calle central se encuentra la portada entre cuatro pilastras toscanas. La portada es adintelada con una cornisa sobre ella que se soporta por grandes ménsulas. Sobre ella, un altorrelieve de Santiago Matamoros. En la parte superior, cuatro pilastras sujetan una cornisa y un frontón curvo partido que está rematado en cruz. En el centro, se instala una ventana de arco rebajado con una vidriera con las cruces de Malta y San Juan.

ventana de arco rebajado con una vidriera con las cruces de Malta y San Juan



Las calles laterales de la fachada que flanquean la puerta, constan de ventanas adinteladas con rejas, sobre las que aparecen lunetos con la cruz de Santiago. En la parte superior del edificio, se alza la torre con las campanas, de planta cuadrada, sujetada por pilares de madera. Al lado, se alza la cúpula sin tambor y que se cubre con una cubierta metálica, con una linterna de doce caras con vidrieras de cristal, rematada por un chapitel con bola y cruz forjada.

torre con las campanas, sujetada por pilares de madera






La nueva iglesia es de planta de cruz griega, con cúpula en el crucero y la capilla mayor con forma semicircular en el presbiterio, donde destaca el lienzo de Santiago Matamoros, obra maestra pintada por Francisco Ricci y que procede del antiguo templo del mismo nombre. La cúpula está sobre pechinas, mientras que un deambulatorio incompleto se abre paso a los pies, donde se instala un coro alto sobre la entrada, que contiene un órgano del siglo XVIII.



Interior de la iglesia


















El presbiterio acoge un gran retablo de corte neoclásico y con columnas toscanas. En los intercolumnios figuran cuatro esculturas en mármol blanco, que producen un gran efecto decorativo con el fondo. Ellas representan a los cuatro Padres de la Iglesia Latina: Agustín, Jerónimo, Gregorio y Ambrosio. En el centro del retablo, procedente de la antigua iglesia de Santiago, el gran lienzo de Santiago Matamoros, una de las mejores obras de Francisco Ricci, restaurando en 1872 por Gato Lema y restaurado también hace unos años. Sobre el altar y por delante del lienzo, un soberbio tabernáculo de mármol blanco entre candelabros de bronce.



Altar mayor en el presbiterio con el retablo de orden neoclásico





Lienzo de Santiago Matamoros, obra de Francisco Ricci



En la zona derecha del presbiterio hay una hornacina enmarcada por columnas corintias acanaladas y coronada por un frontón, que aloja una escultura de Nuestra Señora de la Candelaria. Bajo ésta se halla una lápida conmemorativa al bautismo de la beata Mariana de Jesús, hija del barrio, y el mártir Pedro Torres Miranda.




Altar neoclásico con columnas jónicas, culminado por un resplandor con el escudo de la Orden Carmelita, que aloja una magnífica Virgen del Carmen, de la escuela castellana del siglo XVIII.








Retablo de la Beata Mariana de Jesús, de estilo neoclásico con columnas jónicas, que cobija la escultura policromada de la titular, obra de Julián San Martín. La escultura tiene un gran efecto real, gracias a las mascarillas funerarias que hizo Vicente Carducho. Su rostro extraño y aparentemente deforme, fue real y afectado por una parálisis. Se cuenta que estas deformidades las aumentaba ella misma con las continuas penitencias y laceraciones. En cierta ocasión llegó incluso a autolesionarse, a través de una incisión profunda que partía de la comisura del labio y recorría la mejilla. Fue declarada beata por Clemente XII el 9 de agosto de 1761. El cuerpo incorrupto se encuentra en la iglesia del convento de las Mercedarias de Don Juan de Alarcón.
A ambos lados hay dos imágenes de Santa Ana y San Ramón Nonato del siglo XIX y sobre la mesa del altar, una efigie sedente de Nuestra Señora de la Vida, de factura renacentista, realizada por José Bellver.

Beata Mariana de Jesús, escultura policromada de Julián San Martín



Altar neoclásico con columnas corintias y frontón curvo con escudo, que preside una bella escultura de Nuestra Señora de la Salud, imagen de vestir del siglo XVIII, con un fondo de pinturas con ángeles.




Hornacina con la Virgen de la Fuencisla, patrona de Segovia, obra de Salvador Páramo, escultura que ostenta el bastón de mando del general Varela.





En el interior de los machones del crucero están situados cuatro altares con hornacinas, que están coronadas por cuatro lienzos: La Aparición de la Virgen a San Julián, obra de Maella. San Norberto aplastando un hereje, obra de Francisco Bayeu. El Tránsito de San Julián, obra de Bayeu y San Fernando recibiendo las llaves de Sevilla, obra de la escuela madrileña del siglo XVIII.








No olvidemos el lienzo de Carreño, El Bautismo de Cristo, que procede de la antigua iglesia de San Juan Bautista, con una gran influencia de Tiziano en las figuras de Cristo y el Bautista y la de Van Dyck en los ángeles que sostienes las vestiduras de Jesús.


Cristo crucificado, obra del siglo XIX






El relieve de la puerta está muy deteriorado, la cúpula actualmente está en muy mal estado y los frescos desconchados. Esta iglesia necesita una reforma urgentemente.





Aprovecho para pedir desde aquí a quien corresponda, que se acometan obras inmediatamente, ya que el edificio está pidiendo a gritos una restauración urgente.

viernes, 23 de julio de 2010

Palacio de Parcent



El Palacio se construyó en 1728 por el arquitecto Juan Valenciano para la marquesa de Breña y después lo habitó María Isidro de Guzmán y de la Cerda, primera mujer recibida en la Real Academia de la Lengua en 1784 cuando tenía dieciséis años y la primera mujer a la que se concedió el título de Doctor de Alcalá, título que tuvo que autorizar personalmente Carlos III. En el siglo XIX, el palacio perteneció a la duquesa de San Fernando, luego unas monjas lo usaron como colegio para niñas, pasó un tiempo deshabitado y finalmente pasó a la condesa de Parcent.

La época de los Austrias no fue una buena época para la música. Los Austrias daban más importancia a la pintura, a diferencia de las grandes ciudades europeas. Hasta el mismísimo Beethoven que quería a todos los monarcas de Europa como suscriptores de honor de la edición de su Misa solemnis, tuvo en Fernando VII la excepción, monarca al que odiaba a muerte. Buena música se empezaba a oir en los palacios recién construidos, como el de Liria, Buenavista o Vistahermosa. En los palacios de Osuna y Liria se oye música de Haydn y la aristocracia empieza a escuchar música poco a poco. Pero la verdadera música, la de los jóvenes Albéniz, Arbós, Granados y Casals, sería en otros sitios donde se les iría a oir. Los palacios de la calle de San Bernardo, el Palacio de los Bauer y el Palacio de Parcent, serán los sitios privilegiados.
El palacio se llamaba popularmente la casa de los siete jardines porque así se llamaba entonces una de las calles a las que da el palacio, la que hoy se llama Espíritu Santo.




Doña Trinidad von Scholtz-Hermensdorf, condesa de Parcent, era malagueña, hija de padre malagueño y madre alemana y desde pequeña tuvo una educación brillante. En Dresde, París y otras ciudades, ella y su hermana tuvieron los mejores profesores de música, ya que el padre era un gran aficionado, desde pequeña fue educada con los mejores profesores y pronto era una gran artista tocando el piano. Se casó en París con Manuel de Iturbe, un aristócrata que pertenecía a una familia vasca. En un hotel de su propiedad en Francia, dieron grandes fiestas, que pronto eran las más reputadas de toda la alta sociedad francesa. Fiestas donde el protagonista absoluto era el arte, eran fiestas originales, llenas de obras artísticas y suntuosidad. Ella crearía la Sociedad de Amigos del Arte, una sociedad que divulgaba el arte español en grandes exposiciones y catálogos. Quiso convertir en arte cualquier objeto que antes no lo era, gracias a lo cual, se crearon nuevas fábricas en Talavera, promovió el arte en los muebles incluyéndolos en catálogos, el arte en el abanico, en las pinturas de retratos, el Museo del Traje, vamos, que todo lo que tocaba lo convertía en arte. Cualquier empresa ligada al nombre de la condesa, era sinónimo de éxito. Los huéspedes de su palacio eran literatos y artistas. Una vez que enviudó, se casó con el duque de Parcent, del que le viene el título con el que la conocemos.
Si algo le gustaba a la duquesa, era organizar grandes fiestas en su palacio, fiestas que ya se produjeron en el primer palacio donde se alojó, el palacio de Xifré.
El Palacio de Parcent era un verdadero museo por la cantidad de obras de arte que había en su interior.




La portada del edificio es barroca, muy sencilla, pero muy bella, de estilo ribereño, dicen... Yo no he encontrado información de su autor, así que cada vez que bajo San Bernardo, al pasar por la torre de Montserrat, que esa sí que es de Pedro de Ribera, siempre pienso: y ahora la portada del Palacio de Parcent, que podría ser de Alberto Churriguera (como la portada de San Martín) o del mismísimo Ribera...
Pero ya sabéis... eso es de mi cosecha.








jueves, 22 de julio de 2010

Juana de Austria: El secreto


Juana de Austria, princesa de Portugal, Infanta de España, hija del Emperador Carlos V y de Isabel de Portugal, hermana del rey Felipe II y madre del futuro rey Sebastian de Portugal. Vamos, que le corría la sangre azul a raudales por sus venas.
Tenía ocho años cuando sabía tocar varios instrumentos y tocaba música profana y sacra, leía libros que le estaban prohibidos a los católicos y sabía un perfecto latín, asignatura en aquella época vedada a las mujeres, pero esto no es un hecho aislado, ya que Juana de ahora en adelante, viviría en un mundo de hombres, siendo mujer. Juana fue educada en un ambiente austero, hecho que marcaría fuertemente su carácter. Ella no deseaba nada material y nunca entendió la pompa que había en Portugal de porcelanas, joyas, vestidos, etc. El tiempo que le tocó vivir fue un tiempo de reforma espiritual, humanista, momento en que la religión estaba cambiando.

Juana se casó a los 16 años con su primo, el príncipe Juan Manuel de Portugal por poderes de su padre el Emperador Carlos, el cual intentaba un acercamiento entre la Corona portuguesa, pero el príncipe moriría dos años después de tuberculosis, momento en que estaba embarazada Juana.

Al enviudar tuvo que regresar a Castilla y su hijo como legítimo rey de Portugal tuvo que quedarse a cargo de su suegra, que también era su tía, Catalina de Austria. Nunca más se volverían a ver y solo sabría de su hijo por cuadros que le enviaban para ver como iba creciendo. Su padre, que se sentía viejo, cansado y agotado, iba a abdicar del trono y Juana tuvo que regresar a Castilla ante su llamada. Ante la ausencia de su hermano, sucesor al trono, Felipe II, que se había ido para casarse con María Tudor, Juana de Austria tuvo que asumir la Regencia de España durante cinco años, en donde demostró sus grandes dotes de gobierno.

Cuando empezó a reinar, nadie confiaba en ella, era lógico en aquella época, era una mujer y le veían débil, pero siempre estaba a su lado Francisco de Borja, su confesor. Juana era altiva y muy independiente, por lo que le costó muchas veces acatar las órdenes que le llegaban de su hermano, enfrentándose en muchas ocasiones a Felipe. Llevó su mandato con una absoluta rectitud, entregándose plenamente a los problemas militares, religiosos y políticos del momento. De tal modo, que toda la Corte empezó a admirarla sin precedentes.

Muchos príncipes quisieron contraer matrimonio con ella, pero nunca volvió a casarse. Cuando abandonó Portugal, a cambio del todo sufrimiento por perder a su hijo, solo le puso una condición a su hermano, que nunca le pidiera que se casara si ella no quería, aparte de contarle su relación con Mateo... el gran secreto que guardaba Juana.

Felipe II, mandó arrestar a su propio hijo, nacido de su primer matrimonio con María de Portugal, Carlos de Austria, príncipe de Asturias, el cual moría seis meses después encerrado y solo, por inanición. Este hecho nunca se lo perdonaría Juana.

Con la ayuda de Francisco de Borja y su amigo San Ignacio de Loyola, Juana de Austria había ingresado en los jesuitas durante la Regencia, convirtiéndose en la única mujer de la historia de la compañía. El nombre con el que ingresó era Mateo Sánchez y enviaba las cartas posteriores con el seudónimo de Montoya. En vida de Juana de Austria, nunca nadie supo su secreto, ni siquiera la Santa Sede.

Juana había nacido en Madrid el 24 de junio de 1536 en un antiguo Palacio en donde más tarde fundó el Real Monasterio de la Visitación (actual de las Descalzas Reales).

Falleció el 7 de septiembre de 1573 en El Escorial, dejando en su testamento que fuera enterrada en el monasterio que había fundado. Allí permanece su magnífico sepulcro del que hablaremos cuando llegue el artículo del Monasterio de las Descalzas Reales.

Juana de Austria fue nieta de rey, hija de Emperador, hermana de rey, esposa de príncipe y madre de rey, y la única mujer que ha ingresado en la compañía de los jesuitas en su historia.



martes, 20 de julio de 2010

Estatua de Felipe IV



En el centro de la plaza de Oriente, nos encontramos ante una de las más bellas estatuas ecuestres del mundo, la estatua de Felipe IV, del escultor Pedro Tacca, el mismo autor de la estatua de Felipe III que se encuentra en la Plaza Mayor y la colaboración de Juan Martínez Montañés, autor del busto del monarca. Velázquez pintó un cuadro de Felipe IV que se envió al escultor para la construcción de la obra, pero el encargo del monarca, exigía algo difícil y excepcional, quería que el caballo tuviera las dos patas delanteras levantadas, un difícil problema de equilibrio, pero fue Galileo Galilei el que ofreció la solución: hacer maciza la parte posterior del caballo y en hueco la parte delantera.
La estatua se construyó en 1640 y estuvo ubicada en el Jardín de la Reina, uno de los patrios del Palacio del Buen Retiro y después fue trasladada al Real Alcázar de Madrid hasta que fue pasto de las llamas en 1734 y volvió a su su enclave original del Palacio del Buen Retiro. Con tanto traslado, los madrileños pudieron leer en un panfleto que se instaló en la casa de la Panadería en la Plaza Mayor que decía:

¿A qué vino el Sr. D. Juan?
A bajar el caballo y subir el Pan.
Pan y carne a quince y once,
Como fue el año pasado;
Con que nada se ha bajado
Sino el caballo de bronce.


En 1843 se emplazó en el lugar definitivo donde se encuentra hoy.

Estatua ecuestre de Felipe IV en el centro de la Plaza de Oriente