sábado, 11 de septiembre de 2010

Monumento ecuestre a Felipe III



En 1847, gracias a la intervención de Mesonero Romanos, la Plaza Mayor se ornó en su centro con la estatua de Felipe III, obra del siglo XVII, de los escultores Juan de Bolonia y Pietro Tacca, antes instalada, desde 1616, en la entrada de la Casa de Campo. La estatua tiene la siguiente leyenda: "La reina doña Isabel II, a solicitud del Ayuntamiento de Madrid, mandó colocar en este sitio la estatua del señor rey don Felipe III, hijo de esta villa, que restituyó a ella la corte en 1606, y en 1619 hizo construir esta Plaza Mayor. Año de 1848".


Fue regalada al monarca por el gran duque de Florencia, Cosme de Médicis y traída a España desde Florencia por Antonio Guidi, cuñado de Tacca.



Estatua de Felipe III, obra del siglo XVII realizada por Juan de Bolonia y Pietro Tacca

viernes, 10 de septiembre de 2010

Real Oratorio del Caballero de Gracia



Al más puro estilo neoclásico, Juan de Villanueva, construyó este edificio que por su lado norte asoma a la Gran Vía madrileña. El Oratorio pertenece a la Asociación Eucarística del Caballero de Gracia, fundada por Jacobo Gratii, apodado "Caballero de Gracia", a finales del siglo XVI. Gratii fue un célebre sacerdote italiano que llegó a ser muy famoso, tanto, que incluso su nombre sale en las letras de una célebre zarzuela.
El Oratorio se construye en 1654 para dicha Asociación, pero en el siglo XVIII, presentaba un lamentable estado de ruinas y la Asociación decide restaurarlo, para lo cual contrataron a Juan de Villanueva.
Villanueva presenta en 1782, dos proyectos para el Oratorio, uno de ampliación, restaurando lo que había y añadiendo pilastras y capillas, y otro nuevo con planta basilical, resultando algo totalmente distinto en la ciudad, por no encontrarse construido nada igual, proyecto que fue el elegido. La Congregación quería que el edificio tuviera cúpula, ya que querían que reuniese las mismas condiciones del resto de las mejores iglesias de la Corte, único elemento que no corresponde al esquema basilical, pero que Villanueva respetó en su proyecto.

La fachada sur, la que da a la calle Caballero de Gracia, fue construida por Custodio Teodoro Moreno, entre 1828 y 1831, introduciendo algunas variantes al proyecto original. Villanueva jugó también con la perspectiva en la fachada, y adosó al final de unas escaleras y antes de la puerta con dintel, dos columnas exentas, que dan la sensación de que el templo está excavado con profundidad.

Fachada de la entrada principal en la calle de Caballero de Gracia



Por encima de la imposta nos encontramos con un bajo relieve que representa la última cena de Jesús (del gran Leonardo Da Vinci), obra de José Tomás. En la parte superior, la ventana del coro y rematando el edificio, un frontón. La restauración de la fachada actual, se debe a Chueca Goitia.






En las obras de construcción de la Gran Vía, el arquitecto Carlos Luque, diseñó y realizó un proyecto en el que el ábside de la iglesia en su cara norte, desapareció al recortarse y modificarse, construyéndose una casa con dos partes simétricas, en cuyo centro, se alojaba una enorme ventanal que daba luz a una vidriera que representa la última cena, obra de Maumejean, que se encontraba en el altar. Una nueva restauración en 1991 por el arquitecto Javier Feduchi Benlliure, hizo desaparecer el ventanal, derribándose la parte central del edificio y construyéndose un gigantesco arco triunfal y un nuevo ábside con piedra blanca, enmarcado todo ello por pilastras corintias, que dejan ver el ábside y la cúpula del templo desde la Gran Vía. En la actualidad, después de haber estado durante un tiempo en el altar mayor del presbiterio, el Cristo de la Agonía, ha vuelto a colocarse la vidriera que está iluminada con luz artificial.

Vista del ábside y la cúpula de templo desde la Gran Vía









El lugar es un rectángulo estrecho y alargado, por ser el espacio disponible que existía entre las construcciones de viviendas que existen a los lados y donde el arquitecto jugó con una serie de efectos espaciales y focales de tal magnitud, que el resultado es increíble.
El logro principal que Villanueva consiguió, fue el efecto visual de un transepto que no existe. Aparentemente da la sensación de haber un crucero con transepto, pero nada más lejos de la realidad. Los detalles y las formas, unido a la disposición de todo ello, resultó un templo en donde sus proporciones solo existen en un efecto simbólico del espacio.




Interior del templo








Vista del falso crucero con la cúpula oval y las bóvedas de cañón




El interior consta de una sola nave, en donde construyó columnas de granito de una sola pieza, con capiteles corintios, separadas de los paramentos laterales, colocadas de tal manera, que el efecto ofrecido es como si la iglesia tuviera tres naves. El resultado es admirable, una columnata que nos lleva la vista hasta el altar mayor, donde se encuentran al fondo otras dos columnas semiempotradas, que hace el efecto de profundidad en el presbiterio, aumentando más aún, el dominio técnico del arquitecto. Encima del presbiterio, una bóveda de cañón que dan un aspecto de basílica romana al estilo de Constantino. El recinto sin lugar a dudas, parece un salón corintio neoclásico.

Vista de la iglesia donde el efecto de las columnas separadas de la pared en forma de pasillos, nos hacen ver con una perspectiva visual, como si existieran tres naves.








En el falso crucero, una cúpula oval, que descansa sobre pechinas, aumentan el efecto de la perspectiva, mientras que con un pequeño retranqueo en la pared, en la zona del falso transepto, la pérdida lineal de los laterales de la nave, hace en sí, más acusado el efecto de la perspectiva, de tal modo que el espectador, cree admirar un crucero en toda regla, simplemente magistral. Los frescos de la cúpula y las bóvedas, son obras de Zacarías González Velázquez.



cúpula de la iglesia, con frescos de Zacarías González Velázquez









Presbiterio con la vidriera entre columnas semiempotradas de la última cena de la casa Maumejean









De las obras de arte que figuran en el templo, podemos destacar la Virgen del Socorro, obra de Francisco Elías, Nuestra Señora de la Perseverancia, cuadro de los más antiguos que se encuentran en la iglesia, la Purísima, lienzo de Zacarías González Velázquez y el Cristo de la Agonía, obra magistral de Juan Sánchez Barba.

Lienzo de la Purísima, obra de Zacarías González Velázquez




Maravillosa la talla del Cristo de la Agonía, obra de Sánchez Barba




Lienzo con San Miguel Arcángel luchando contra el diablo, pintado en 1796 por José Beratón




San Juan Evangelista, obra del siglo XVII, relacionados con la producción de Mateo Cerezo




Nuestra Señora de la Perseverancia, del mismo autor que el anterior.



Aparición de Cristo a la Magdalena, escena conocida como el "Noli me tangere", obra de José Beratón





Lienzo de San Joaquín, Santa Ana y la Virgen Niña, obra del siglo XVIII pintado por José Camarón




San José con el Niño, firmado en 1794 por Zacarías González Velázquez





Bajo relieve en la fachada de la última cena de Leonardo, esculpida por José Tomás

jueves, 9 de septiembre de 2010

Fuente de Juan de Villanueva



La fuente de Juan de Villanueva, se encuentra en el Paseo de Camoens del Parque del Oeste y se construyó para conmemorar el centenario de la muerte del arquitecto Juan de Villanueva. El proyecto que salió a concurso público, fue ganado por los arquitectos Victor d'Ors y Manuel Ambrós, y esculpida por el escultor Santiago Costa.
En su inauguración, en 1952, se instaló en la Glorieta de San Vicente, donde estuvo hasta mayo de 1995, que se trasladó al sitio donde se ubica actualmente. Pero en su traslado, perdió parte del monumento. La fuente tenía en el pilón tres grupos de esculturas que representaban tres temas madrileños, El Madrid de San Isidro, el Madrid artesano y el Madrid capital. Uno de ellos se encuentra en el Retiro, el que representaba al Madrid de San Isidro, otra parte del segundo, está en el Parque de la Dalieda de San Francisco y los demás no tengo ni idea, aunque creo que seguirá en el taller de Cantería de la Casa de Campo, o lo que es lo mismo, la Casilla de la Casa de Campo, de donde salen muchos de los monumentos, estatuas, fuentes y bordillos de las aceras de las que podemos observar por la ciudad.

Fuente de Juan de Villanueva



La estatua está construida en granito y el interior es de hormigón, imitando a los estilos arquitectónicos que utilizó Villanueva, dórico, jónico y corintio, de los que podemos observar en el trazado de la fuente, diversas columnas en su estructura, imitando esos estilos. También contiene unos relieves con forma de medallones, representando las distintas obras del arquitecto.


Surtidor y taza superior de la fuente



taza central, donde podemos ver las columnas dóricas y corintias








Curiosamente, nos encontramos ante una fuente que no tiene nombre y que la conocemos por el arquitecto al que fue dedicada. La fuente, es digna de verse en todo su esplendor. El agua que fluye desde los 22 metros de altura, cae a la taza de la parte superior, para verterse a otra taza mucho más grande en la parte central, que a su vez se vierte al pilón central en la parte inferior de la fuente. El efecto es espectacular, la caída del agua no deja ver la estructura de la fuente, cuando está en funcionamiento, solo se ven dos cascadas redondas de agua cayendo y con las corrientes de aire y el viento, el agua salpica todo el entorno, no dejando a ningún coche que pase por la Glorieta, a salvo de salir empapado mientras giran por ella. Pero hace ya un tiempo que los chorros superiores se han cortado al mínimo para no empapar la calzada, que supongo que será por el invierno y para que no se hiele el agua que queda por el suelo, y la espectacular caída ha desaparecido, dejando en su lugar una discreta caída de agua. La fuente iluminada por la noche es muy bonita y es una pena que muchos madrileños desconozcan este gran monumento que dedicado al gran Villanueva, perdura en nuestra ciudad.


La fuente sin nombre, dedicada al gran arquitecto del edificio del Museo del Prado