sábado, 23 de octubre de 2010

Las tumbas perdidas de nuestros hombres ilustres



Donde fueron a parar los huesos de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Calderón?
Parece mentira que cuatro de los más grandes escritores de la literatura española, estén en paradero desconocido. Será que a los madrileños se nos pierden muy fácilmente las cosas? o que no tenemos cuidado con algo tan importante como los restos de nuestros grandes?. De una manera o de otra, el caso es que de ninguno de ellos sabemos el destino final de sus huesos.
Ya pasó con Velázquez, enterrado en la cripta de la iglesia de San Juan Bautista, muy cercana al Palacio Real. En 1811 fue derribada por orden de José Bonaparte, alias "Pepe Plazuelas", en su afán de tirarlo todo para abrir plazas. Hace unos años y aprovechando las obras de un parking subterráneo, la Comunidad de Madrid, junto a arqueólogos e historiadores con Gustavo Villapalos al frente, buscaron los restos del pintor sevillano en la Plaza de Ramales, el mismo sitio donde se encontraba la iglesia de San Juan. Durante meses se estuvo hablando sobre el tema mientras que los días iban pasando y los restos no aparecían. Velázquez que estaba enterrado junto a su mujer Juana Pacheco en 1606, nunca apareció.

Pero qué pasó con nuestros cuatro literatos madrileños más ilustres?...

·Miguel de Cervantes murió en su casa de la calle del León el 23 de abril de 1616, siendo enterrado en el convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso en la calle Cantarranas (hoy en día calle de Lope de Vega), al cual le llevaron sus hermanos de religión vestido con un hábito de San Francisco y a cara descubierta. Su propia hija Isabel profesaba en dicho convento, al igual que Marcela, otra hija de Lope de Vega. Unos años más tarde, con la reforma del convento y la nueva construcción de la iglesia y el claustro, en el traslado de los huesos, se perdió para siempre la pista del sitio exacto de su enterramiento. El propio José Bonaparte, el que hizo que se perdieran los restos de Velázquez, intentó en vano encontrar los huesos de Cervantes, pero la búsqueda no obtuvo éxito. Otro intento fue después de la guerra civil en los años cuarenta, cuando el académico Joaquín de Entrambasaguas, volvió a intentar recuperar los restos, tampoco tuvo éxito. Mientras... Cervantes donde esté, podrá escribir eso de... "en un lugar del convento, de cuyo sitio no puedo acordarme..."




·Lope de Vega, vecino de Cervantes y rivales a muerte, también fue llevado el día de su muerte al convento de las Trinitarias, pero en este caso era solo de paso. El cortejo fúnebre desvió su itinerario para que su hija Marcela, desde las rejas de la entrada de la iglesia pudiera despedirse de su padre. De allí siguió el cortejo hasta la cercana iglesia de San Sebastián, en donde recibió cristiana sepultura el Fénix de los ingenios. Lope de Vega fue enterrado bajo la protección del conde de Sessa, que pagó 700 reales a cuenta para sufragar el funeral y el entierro en 1635.
Pero el pago debió de ser insuficiente y como nadie se hizo cargo de la deuda, los huesos del literato fueron echados a un osario común en la iglesia o en el cementerio adjunto que se encontraba en lo que hoy es la esquina de calle San Sebastián y calle Huertas.
El destino quiso que los dos rivales que tanto se odiaban, y que vivieron tan cerca en vida, tuvieran mucho más en común después de muertos. La calle donde vivió y murió Lope de Vega, hoy en día se llama "calle de Cervantes" y en la que vivió y murió Cervantes, se llama "calle de Lope de Vega"... y los dos tenían una hija en el momento de su muerte en el convento de las Trinitarias. Los dos tuvieron el funeral en la iglesia de San Sebastián, los dos fueron a parar a tumbas desaparecidas para siempre (ironías del destino) y los dos seguirán juntos, en el largo caminar de los tiempos, con el mismo destino (perdón por la redundancia). Justo en la pequeña y corta calle, que une la que fue de uno y la que fue de otro, vivió Quevedo, qué pequeño es el mundo. Pero siempre nos quedará preguntar... ¿Quién enterró al escritor?, o era ¿Quién mató al comendador?...






·Calderón de la Barca, fue más viajero después de muerto que los anteriores. Murió en 1681 en su casa de la calle Mayor y fue enterrado en la capilla de San José de la antigua parroquia del Salvador en la misma calle Mayor, frente a la plaza de la Villa. En 1842, tras derruirse el templo por su amenaza de ruina, fue llevado su cadáver a la iglesia de San Nicolás. En 1869, fue trasladado a lo que iba a ser el Panteón de Hombres Ilustres de la ciudad, el cual no prosperó. En 1874 se volvió a trasladar su cuerpo a la sacramental de San Nicolás, sobre la actual calle de Méndez Alvaro, entre la glorieta de Atocha y el paseo de Pedro Bosch, inaugurando su cortejo el nuevo viaducto sobre la calle Segovia. Más tarde su cuerpo volvió a viajar desde el cementerio de San Nicolás, hasta el hospital de la Congregación de San Pedro de los Naturales de la calle Torrecilla del Leal, y, finalmente, desde allí, en 1902, a la nueva iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, en la calle de San Bernardo, iglesia que pertenece a la misma congregación. En este templo y durante algún tiempo, descansaron los huesos del insigne escritor, en un mausoleo, que consistía en una pilastra de mármol sobre la que se alzaba una arqueta del mismo material. En la guerra civil la iglesia fue incendiada y el templo quedó casi derruido, destruyéndose el mausoleo por completo. Así que durante años se dieron por perdidos los restos definitivamente. Pero hace unos años que un antiguo congregante, que fue testigo del traslado de los restos del escritor, desveló que los restos nunca se guardaron en la arqueta del mausoleo, porque el párroco decía que más que un sepulcro, era un monumento simbólico, y entonces los restos se guardaron en un nicho que se hizo en la pared. Desde entonces, el patronato de la institución, dentro de sus modestos recursos, realiza de vez en cuando pruebas de sondeos y calas, ya que el anciano murió sin desvelar en qué pared estaba el nicho. Así que en la Congregación de San Pedro Apóstol, tendremos puestas las esperanzas de que algún día se encuentre el nicho del literato y que en esta iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, se pueda poner una lápida que rece "Aquí yace POR FIN, Calderón de la Barca", o quizás quede en un sueño, y ya se sabe que... los sueños, sueños son.





·Francisco de Quevedo, eterno rival de Góngora, murió en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) en 1645, con 64 años de edad. En su testamento, Quevedo dejó bien clarito que le enterraran en "depósito", es decir... provisionalmente, en la Capilla mayor de la iglesia del convento de Santo Domingo de esta villa (refiriéndose a Villanueva de los Infantes), incluso dice el sitio exacto de la capilla en que tienen que hacerlo, hasta que sea posible el traslado al convento de Santo Domingo el Real de Madrid, donde se encontraba la tumba de su hermana Margarita. Sin embargo los vivos no hicieron ni caso y fue enterrado en una capilla que pertenecía a la familia Bustos de la Parroquia de San Andrés en la misma Villa. Al poco tiempo su tumba fue profanada para quitarle unas espuelas doradas con las que había sido enterrado. De aquí sale una leyenda de que el profanador fue un rejoneador, y que murió por las astas de un toro mientras llevaba las espuelas puestas. Pasaba el tiempo y por más que insistieron los dominicos de Santo Domingo en Madrid, el párroco de San Andrés no quiso deshacerse de los huesos, hasta que en el siglo XIX una orden gubernamental obliga a que se trasladen los huesos al fracasado Panteón de Hombres Ilustres de San Francisco el Grande en Madrid. Pero los huesos que mandaron desde Villanueva de los Infantes no correspondían a Quevedo, entre otras cosas, porque la calavera pertenecía a una mujer joven y por si hubiera duda, dicha calavera conservaba enteras las piezas dentales, cuando Quevedo murió totalmente desdentado. Después de más de 200 años, la cripta donde fue enterrado Quevedo y que pertenecía a una noble familia, con el paso del tiempo pasó a propiedad de la iglesia, que a su vez, hacía otros enterramientos en la cripta, con lo cual, había tal follón de huesos, que dar con los de Quevedo, era como encontrar una aguja en un pajar. Tras el fracaso del Panteón de Hombres Ilustres que no llegó a prosperar, los restos volvieron a Villanueva donde fueron enterrados en la ermita del Cristo de Jamila, donde una lápida indica que es apócrifa, es decir, que no se sabe a ciencia cierta quién está enterrado, porque bien sabían allí que ese muerto no era el literato. En el año 2007, un equipo de once investigadores de la Escuela de Medicina Legal de la Universidad Complutense de Madrid, se traslada a Villanueva de los Infantes a petición del Ayuntamiento de dicha Villa, para proceder al reconocimiento de los huesos de Quevedo. Entre casi 200 cadáveres que permanecían en la cripta donde "supuestamente" se encontraba el escritor, tras un largo, minucioso y exhaustivo trabajo de investigación, se han recuperado al parecer, entre más de cuarenta mil huesos, que es la suma de multiplicar doscientas personas por 204 huesos cada uno..., 10 huesos que podrían pertenecer al insigne madrileño. Una clavícula, seis vértebras, un húmero y dos fémures, fueron lo que al parecer, podrían pertenecer a los restos buscados, El cráneo ha sido imposible encontrarlo. Sabiendo que Quevedo tenía casi 65 años en el momento de su muerte, fue cuestión de ir simplificando los huesos que pertenecían a mujeres, niños o ancianos y de los huesos que quedaron, que imagino que seguirían siendo miles... sabiendo que Quevedo era cojo, se buscó un fémur que tuviera una lesión. Una vez que se encontró un fémur derecho que tenía esa torsión, fue cuestión de buscar y encontrar la pareja de ese fémur y los huesos que pertenecieran a ellos. No se ha podido utilizar la prueba de ADN por no tener muestras de ningún antepasado, ya que la hermana que estaba enterrada en el convento de Santo Domingo el Real de Madrid, compartió el mismo destino que corrió el hermano, porque dicho convento también desapareció con la piqueta. En resumen... que la única prueba que se tuvo para identificar los restos de Quevedo, fue por un fémur que se sabe que perteneció a un cojo enterrado en dicha parroquia. Y digo yo... y si hubiera más cojos en Villanueva de los Infantes enterrados entre esos cientos de cadáveres en dicha cripta???. Es suficiente prueba encontrar un fémur de un cojo para asegurar que se ha encontrado a Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas??? En fin... cada uno que saque su propia conclusión.

El caso es que por una cosas u otras... nuestros más ilustres madrileños del siglo de oro español, siguen en sus tumbas perdidas, que como ya dijo Quevedo, "polvo serán, mas polvo enamorado", aunque no hay que preocuparse demasiado, ya que nuestra ciudad tiene comunicación directa con el más allá, y es que ya se sabe que "De Madrid ... al cielo".

6 comentarios:

Mercedes dijo...

Estupendo artículo, Bélok, enhorabuena :-)

J. J. Guerra Esetena dijo...

¡Qué pena que no hayamos sabido crear un verdadero Panteón de Hombres Ilustres! Perdimos una oportunidad con San Francisco el Grande y el actual Panteón se ha quedado perdido en el olvido... Saludos y felicitaciones.

marian dijo...

muy bueno el articulo, enhoabuena

Manuel (Cedric) dijo...

Muchas gracias por esa información sobre el último destino de tan ilustres personajes, cuyos escritos han quedado para la Historia, aunque no así sus restos mortales, para que alguien pueda ir a rendirles muestras de admiración y respeto.
Cosas así, por desgracia, pasan muy a menudo en España...

Anónimo dijo...

Enhorabuena, sí. Paso a menudo por la ermita del Cristo de Jámila, en Villanueva de los Infantes, cerca de los columpios de los niños: si está abierta allí beso el mármol apócrifo de Don Francisco, máximo escritor español ---aunque a Cervantes el "...Quijote..." le salió redondo. Comparto lo que dice aquí otro comentario: tenemos línea directa con aquilatadas, finísimas y quintaesenciadas percepciones: no necesitamos fetichismos materiales. Gracias por leerme, enhorabuena de nuevo.

Anónimo dijo...

Entonces en nuestro precioso panteón de Hombres Ilustres de Madrid, ¿ quién está ?

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